Lunes, 20 de mayo, 2019 | 12:36 pm

Líderes improvisados



Dudo que en República Dominicana tengamos a un emergente en la Presidencia el 16 de agosto de 2020. En el más cercano de los casos veremos a un delfín a la medida de uno de los líderes alrededor de los cuales se han formado estructuras de poder.

La oleada de dirigentes políticos que emergió tras las crisis de los años 90-96 del siglo pasado tiende al agotamiento, pero conserva bastante vitalidad para avanzar un poco más en el consumo de las fuerzas puestas a andar con su emersión.

Vitalidad, en este contexto, implica confluencia de intereses. Los intereses pueden ser orientados en una particular dirección.

En el caso de los poderes fácticos, se puede lograr sobre la base de contactos directos; con procedimientos como los utilizados en el mundo del espectáculo, si se trata de las masas, y con ideas en el de los intelectuales, que en la sociedad dominicana carecen de peso político y son, como consecuencia, insignificantes en una estructura de poder.

Los líderes formados en la fragua de la crisis que siguió a la caída de la dictadura de Trujillo salieron del juego en un período de unos diez años. Grupos y personas determinantes hasta entonces salieron también o acomodaron sus órbitas, tanto en la política, que pasó a ser blanca y morada, como en los negocios.

¿Por qué la sociedad dominicana ha preferido mantener la bandera morada en la cumbre del poder? Porque la directiva de este colectivo ha encontrado una manera, a pesar de los precipicios a los lados, de mantener un marco económico estable, una convivencia política sin persecuciones notables y una población en condiciones de enajenarse a gusto en los estratos bajos y en los estratos medios la oportunidad de endeudarse por un resort, un crucero, una marca –o su falsificación– y sentirse realizada o en vía de serlo.

Cuando este estilo de vida y de ejercicio del poder agote la fuente de su vitalidad para la administración y el control social, surgirán nuevos liderazgos, pero esto no ocurrirá bajo condiciones pacíficas. En las sociedades no hay parto sin dolor.

La bandera blanca ha sido arriada, un hecho impensable hace 20 años. La bandera morada ondea sin desafíos significativos, otro hecho impensable hace 20 años; obraron a su favor la administración y la personalidad de Hipólito Mejía.

Cuando lo macroeconómico se mantiene estable, no hay ideologías capaces de trastocar el conjunto de los valores predominantes; cuando las masas parece que escogen enajenarse por su cuenta y riesgo, no hay amenazas de estallidos que afecten el sueño; cuando los sectores del poder de facto encuentran caminos para entenderse con el poder temporal sin exponerse demasiado, no hay riesgo de tormentas.

Dudo, sin una crisis, que entre nosotros surja un improvisado al margen de los partidos.

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