La volatilidad de los mercados
Cuando en una economía se producen frecuentes fluctuaciones en el precio de los activos financieros, se está frente a lo que se denomina volatilidad de los mercados, la cual se mantiene durante un período específico de tiempo.
Pues esto se considera como un indicador del nivel de incertidumbre o riesgo asociado con la variación en el valor de un activo.
Bajo los criterios expuestos, la volatilidad en los mercados hace referencia al grado de imprevisibilidad e incertidumbre de cómo los potenciales usuarios se manifestarán ante una intención, con qué rapidez lo adoptarán y si los competidores responderán a sus particularidades.
Desde una perspectiva económica, la volatilidad y la incertidumbre se convierten en parálisis de la actividad económica; de una manera generalizada, se traduce en ralentización del crecimiento del PIB y una postergación de las inversiones.
También influyen las diversas necesidades de los usuarios y la incertidumbre sobre cuándo estarán disponibles las aplicaciones complementarias cruciales. Las opciones reales son valiosas en los nuevos mercados de plataformas debido a su capacidad para rectificar decisiones si resultan erróneas. Para los inversores, entender la volatilidad es perentorio, por el hecho irrefutable de que la misma puede afectar el valor de sus inversiones y las estrategias que prefieren seguir; por tanto, conocer cómo se mueve esta no solo es un refuerzo para mitigar riesgos, sino que también permite fructificar oportunidades en los mercados.
Es importante puntualizar que los mercados volátiles tienden a caracterizarse por variaciones de precios extremadamente rápidos y un alto volumen de operaciones, lo que incrementa la probabilidad de que el mercado efectúe tendencias de precios enormes e imprevistos. Por igual, los mercados donde se produce menor volatilidad tienden a perseverar la estabilidad y exhiben fluctuaciones de precios menos fundamentales.
Resulta indiscutible que la volatilidad es originada por un acrecentamiento de la incertidumbre en una clase de activos en particular o en todo el mercado, lo cual pone bastante nerviosos a estos últimos. En adición, se puede afirmar que la liquidez puede considerarse como un factor que induce a una mayor volatilidad en los mercados, razón por la cual los mercados menos líquidos suelen ser más volátiles, debido a que los precios pueden cambiar drásticamente.
En la actualidad, se puede visualizar que el mercado con mayor nivel de volatilidad es el mercado de los commodities o materias primas, superando el mercado de divisas y las criptomonedas, fruto de que estos son enormemente susceptibles a la volatilidad en torno a la exposición de eventos bélicos y geopolíticos. En tal sentido, las evidencias empíricas muestran que, en el renglón de los productos básicos, la energía es la más volátil, mientras que los precios de los productos de origen agropecuario son los que menos volatilidad experimentan.
Es obvio reflexionar que las tensiones comerciales, los conflictos internacionales y la interrupción brusca de los periodos constitucionales son factores que incentivan la volatilidad de tal magnitud que las consecuencias son catastróficas para la estabilidad macroeconómica, expresada en un deterioro del crecimiento económico y niveles de inflación incontrolables. Y es que la volatilidad es el principal factor adverso a la inversión, al tiempo que impacta de manera directa en los niveles de riesgo.
A pesar de que la historia de la humanidad siempre ha registrado múltiples conflictos bélicos, en la actualidad las implicaciones que estos tienen para las economías a escala global y los impactos en los mercados se aprecian casi de manera inmediata.
Esto se debe a la aceleración en las divulgaciones a través de los medios de comunicación en tiempo real y el efecto destructivo del capital físico, la parálisis del flujo del comercio internacional y el desplazamiento de los capitales internacionales, situación que está perturbando a las economías a escala planetaria.
