La suerte de Sammy…

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Durante años los dominicanos han acuñado el refrán de que los blancos jamás se equivocan y que cuando lo hacen es adrede o aposta. Esa creencia tiene su origen fundamental en el síndrome de Guacanagarix, el famoso cacique que jamás confió en sus compañeros, bajo la falsa creencia de que los conquistadores eran “seres superiores”.

Pero la realidad es que los blancos sí se equivocan y, por ende, con todo el modernismo a su disposición, también se les pasan algunas fichas.

Exactamente creo que eso fue lo que ocurrió con la acusación de perjurio que hizo una comisión del Congreso de Estados Unidos al ex pelotero dominicano Sammy Sosa. Este declaró bajo juramento que nunca había consumido estupefacientes y esteroides, pero luego se publicó lo contrario, por lo que enfrentaría un juicio por perjurio en el que, de resultar culpable, iba a tener repercusiones destructivas a su figura como atleta y ciudadano común. Todo indica que en el caso de Sosa al Congreso estadounidense se les “pasaron las fichas”, porque al parecer hubo un descuido al no someterlo antes de marzo pasado, cuando el caso ya tenía cinco años bajo investigación, con lo cual perime automáticamente.

Usted puede llamarle como quiera, pero creo que Sosa es un hombre de mucha suerte, porque situaciones como estas no ocurren tan fácilmente en las estructuras de poder de Estados Unidos, y menos en el Congreso, organismo demasiado beligerante en todos los aspectos que le conciernen.

Mientras Sammy se zafó de esta acusación, Roger Clemens, quien también testificó junto al dominicano, sigue bajo la lupa, por lo cual podría ser condenado.

Felicitaciones para Sosa, porque aunque su camino hacia Cooperstown está bastante pedregoso, una condena en el Congreso lo hubiese descartado para siempre para el Salón de la Fama.

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