La solidaridad global en la pandemia

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Altagracia Suriel

La pandemia global del coronavirus está afectando a los individuos, las familias, las economías, las instituciones y a toda la sociedad. Nadie escapa a sus secuelas. Nos ha confinada al aislamiento a todos.

Ha desbordado la capacidad de respuestas de los sistemas políticos, colapsando incluso los sistemas de salud de los Estados de bienestar tan arraigados como España, Italia y Estado Unidos.

Nadie contaba con la capacidad para enfrentar un mal para el que no hubo previsión. Quién imaginaba que la civilización de la bomba atómica, de la carrera armamentista, de la lucha contra el terrorismo, de la era de la ciencia y las tecnologías, en pleno siglo XXI, estaría en jaque mate por un virus mortal del que no hay certezas públicas de cómo apareció y que solo sabemos que se expande y amenaza con matar a millones de personas en el mundo.

El coronavirus no discrimina. No se han librado de él ni las realezas europeas que están en cuarentena, ni los políticos, ni los artistas, ni los poderosos, ni los ciudadanos de a pie, ni los desarrapados. Y siempre, en tiempos de desgracias, solo nos salvan la ética y los valores.

La solidaridad es nuestro escudo frente al coronavirus. Una solidaridad que empieza por lo individual y se extiende a lo global. Que implica no convertirse en riesgo para el que está cerca y en ayudar a los que están más lejos.

Dice Noah Harari que los problemas que está generando la pandemia solo se solucionan con cooperación global, compartiendo primero información tanto a nivel tecnológico como en lecciones aprendidas en materia de salud.

China está dando el primer ejemplo de solidaridad global tanto por responsabilidad como por necesidad. Trump ha reconocido el apoyo y la comprensión de los chinos del gran problema que nos afecta. Las crisis siempre desvelan los auténticos liderazgos que construyen en vez de dañar, superando las diferencias en aras del bien común.

Como dijo hoy Antonio Guterres, secretario general de la ONU, “ahora el mundo necesita solidaridad. La solidaridad puede vencer el virus y construir un mundo mejor”.

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