La que estamos viviendo en los tiempos del Covid-19

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*Por J. Alexander Pérez

Es impensable concebir que las grandes naciones capitalistas del mundo están paralizadas sin que haya un estado de guerra; que los grandes centros urbanos del mundo parecen ciudades fantasmas; que miles de industrias están paradas, las calles desiertas, y los imponentes centros comerciales en receso.

Nos sorprendió por la ciudad de Wuhan, en la provincia de Hubei, en China, y hoy amenaza a toda la humanidad en el planeta, el coronavirus es una familia de virus conocida por la comunidad científica en los años 60, cuyo origen aún se desconoce y que provoca una peligrosa neumonía que destruye los pulmones.

Solo un fenómeno de esta capacidad podía obligar a los dueños del mundo a dejar de ganar sus montones de dinero deteniendo la industria armamentista, de los alimentos, las drogas, la banca, aunque quizás se están preparando para recuperarse a través de la farmacéutica y otros negocios colaterales de la salud, pero sobre todo con los financiamientos que tendrán que concertar las naciones pobres del mundo, como RD, para sustentar la parálisis de la economía durante siete u ocho semanas, o quizás más, y además afrontar un proceso expansivo de enfermos graves.

El Covid-19 ha obligado a posponer los Juegos Olímpicos de Tokio, igual ha detenido a las grandes ligas del béisbol, o en baloncesto de la NBA, el Museo del Louvre de París, El Duomo de Milán, el Teatro Alla Scala, la torre Eiffel, las ruinas arqueológicas de Pompeya y las termas de Caracalla, los Museos Vaticanos, los parques de diversión, como Disney Works.

Los estrenos de las últimas producciones cinematográficas, los grandes conciertos artísticos que se habían anunciado; las elecciones para elegir nuevas autoridades en distintos países del mundo, como fue el caso de Bolivia, y la que se debate en el país; todo está en incertidumbre, a espera de una buena noticia.

El turismo, que tanto beneficia a estos países con destacados recursos naturales, está de vacaciones; en parte la crisis del Covid-19 inicia por los cruceros, como fue el caso del Diamond Prince; aunque algunos entendieron esta cuarentena como un momento propicio para visitar una playa, las autoridades en distintas partes del mundo, como fue en Florida, EE.UU, tuvieron que actuar con energías para sacarlos de sus diversiones.

En el transporte, la poderosa industria de la aviación está en tierra; los trenes han frenado su velocidad; los autobuses están apagados; algunos taxis operan bajo alto riesgos para sus conductores, el mundo se ha detenido, y no es precisamente el título de una novela de García Márquez.

Pero si todo esto fuera poco, quizás nos sorprendimos cuando vimos en las noticias que los chinos habían cambiado su forma de saludarse, ahora tocando los tobillos, pero no, la humanidad en su conjunto está en paranoia, nadie quiere infectarse y hasta temen de sus mas allegados.

No sería raro ver que en una pareja de esposos uno que otro dude de acercarse al que acaba de llegar de la calle, quizás la mujer hasta piensa: “y si ha besado a otra que está infectada”, o el hombre analiza: “ella viene del trabajo y ahí se roza con gente de todos los tipos”, y se van a la cama, pero se acuestan de espaldas.

El ímpetu que despiertan en los hombres las testosteronas se disminuye, porque recluidos en el hogar no pueden ni siquiera hablar por teléfonos con las novias o queridas, y frente a la esposa una distancia, quizás por el hastío de estar juntos cada día, el día entero.

Esto de estar recluido en la casa en forma permanente es duro, inolvidable, pero necesario; algunos lo toman con cierto relajamiento, una que otro desde el balcón de su edificio canta para todos; otra que baila una salsa con unos diminutos pantalones; también quien cuenta un chiste.

Además, quien relata con cierto humor sus actividades diaria: “Voy al cine, sentado frente al TV; una hamburguesa en una tienda de comida rápida, en la cocina; a recrearme en el parque, en la sala; deseo darme un baño en la playa, lleno la tina; me hace falta el mirador, me siento en el balcón.

Hasta las sacrificadas trabajadoras sexuales le han pedido al gobierno alguna forma de subsistencia, con el país cerrado no pueden atender a sus clientes; pero como entender que los bares, colmadones, discotecas, club nocturnos y no tan nocturnos, cines y otros no estén operando, la verdad es que este virus ha trastornado el diario vivir de la humanidad.

Pero no todo lo del Covid-19 ha sido tan malo, de acuerdo a una foto del territorio de China de antes y después de la crisis, dada a conocer por la Nasa hace algunas semanas, en la primera de principio de enero esa nación muestra sus niveles de contaminación en una nube negra que le opaca y otra de principio de marzo, que se observa completamente transparente, limpio; en los canales de Venecia el agua está tan limpia que se pueden observar los peces; en Tokio los animales se pasean por las grandes avenidas; es decir, el Covid-19 está produciendo una limpieza de la atmósfera que nos beneficiará a todos.

Ya lo había dicho Bill Gates hace como cinco o seis años, “en el futuro corto el problema de la humanidad no serán las bombas en las guerras, sino los virus y otras enfermedades, que no se podrán controlar a tiempo y matarán a muchas personas”.

Después de esto vino el HINI, el ébola y sabrá Dios que nos espera en el futuro, lo único bueno de todo esto, es que el Covid-19 nos dejará una experiencia que debemos abordar con mayor rigor en los casos futuros.

@alexandrperez

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