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La puerta estrecha

Entrad por la puerta estrecha; porque ancha es la puerta, y espacioso el camino que lleva a la perdición, y muchos son los que entran por ella; porque estrecha es la puerta, y angosto el camino que lleva a la vida, y pocos son los que la hallan.

Mateo 21:18-19.

Quiero decirte que hay un lugar llamado las cuevas de Pomier, que están ubicadas en la provincia San Cristóbal. Son cuevas horizontales y verticales, donde podemos encontrar una gran vanidad de pictografías realizadas por los taínos, que datan 1,000 años. Los taínos la utilizaban para varias cosas y una de ellas como refugio contra las fuerzas de la naturaleza.

Para entrar a ellas sus caminos son angostos y cuando se logra cruzar se llega a la parte plana, provoca una experiencia inolvidable.

Hago una comparación con la enseñanza de Jesús, que nos muestra la condición para llegar al Reino de los cielos.

Cristo nos hace una oferta sincera de amor, nos dice, primero, que la puerta estrecha, es reconocer que somos pecadores y necesitamos conversión y regeneración, y entramos para comenzar una vida de fe y gracia. Produciendo un corazón nuevo, inclinando nuestra alma al bien, donde cambiamos los hábitos y costumbres viejas por los nuevos.

Y segundo, nos dice de la puerta ancha, el camino es espacioso y hay muchos viajeros en el, usted tendrá mucha liberta para saciar sus apetencias pecaminosas, lo cual llevará a la perdición eterna.

La puerta estrecha es Cristo, bendito sea Dios, no se ha cerrado, él nos llama a entrar a ese refugio que es contra la muerte eterna, donde estaremos con él para siempre.

Entonces Jesús les habló de nuevo: “De cierto, de cierto os digo que yo soy la puerta de las ovejas. Yo soy la puerta. Si alguien entra por mí, será salvo; entrará, saldrá y hallará pastos”.

Todos debemos entrar por su puerta porque encontraremos un lugar preparado por el padre.

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