SANTO DOMINGO.- En la sociedad dominicana cada año aumenta el número de víctimas de la violencia intrafamiliar, el número de mujeres que denuncian los abusos a que son sometidas por sus cónyuges es mayor.
Pero en ocasiones el drama se revierte y los afectados son los hombres, algunas veces con la agravante de que las damas los acusan ante las autoridades de sufrir vejaciones, y son sometidos ante la Justicia sin que se les escuche.
Por una situación similar a esta atraviesa Carlos Rafael Rodríguez Moya, un médico geriatra. Su gran pecado fue pedirle el divorcio a su esposa Nelly Virginia Charman Martínez, según denunció.
Las causas
Tras 27 años de matrimonio y seis de noviazgo, Rodríguez Moya decidió separarse de Charman Martínez, agobiado por las deudas que la dama contraía. La última, según dijo, fue por RD$700 mil.
Explicó que cuando trató la partición de los bienes, un apartamento en Bella Vista, el propuso dejárselo, con la condición de que ella pagase las deudas pendientes, lo que no aceptó.
El médico denunció que a partir de ese momento Charman Martínez acudió ante la Fiscalía del Distrito Nacional y le interpuso una querella por intento de homicidio. Negó que haya intentado asesinar a la madre de sus tres hijos, dos mayores de edad y profesionales, y una menor.
Penurias
El galeno dijo que desde ese momento iniciaron sus penurias, ya que de sorpresa un viernes llegaron a su hogar unos policías acompañados de representantes de la Fiscalía y lo sacaron sólo con la ropa de que tenía puesta.
Esto sucedió hace dos meses, y desde entonces para recuperar sus pertenencias ha tenido que ir acompañado de policías y con una orden. Rodríguez Moya dijo que en la Fiscalía no han conocido sus declaraciones, ni han aceptado a los testigos, entre ellos algunos vecinos, quienes atestiguarán sobre el comportamiento inadecuado de la mujer.
Alejado de su hija. Desde que lo sacaron de la casa no ve a su hija menor, para él su reina, ya que también le prohibieron tener contacto.
Muerto social. El galeno afirma que el caso lo ha matado vivo, por el daño moral, y que lo afectó con sus colegas y pacientes, por lo que su salud ha sufrido.