La integración de la pareja como ente social
Nacemos, crecemos, escogemos pareja, nos multiplicamos.
En la elección de la pareja se refleja mucho de la personalidad y el carácter del individuo.
Tiene importancia significativa la manera en que fuimos educados por los familiares con los que convivimos, el comportamiento de ellos durante nuestra infancia, las normas y reglas que regían en nuestra familia durante las etapas de niñez y adolescencia, las informaciones que recibimos de los maestros y amigos/as, y nuestro propio crecimiento emocional y espiritual, entre otras cosas.
En toda pareja se crea una estructura cerrada e interna que tiene relación con las características de cada uno de los miembros que la componen y las relaciones de poder individual; y una estructura social, que tiene relación con la familia de origen, los amigos y amigas y el círculo social en que se desenvuelva la persona.
Luego de que se vive en pareja, se modifican en parte los aspectos relacionados a lo social y familiar. Ya existe otra persona que no es del círculo familiar ni amistoso, al cual hay que integrar de forma delicada, sutil e inteligente.
Se debe, primero, tratar de conocer al otro, sus cualidades, características personales y familiares, antes de introducirlo en el grupo socio-familiar. Esto da la oportunidad de que encajen y la dinámica sea más adecuada y eficaz.
La pareja como unidad es un ente social con vida propia y a partir de ella se desarrolla dentro de la sociedad a la cual pertenece.