La Iglesia y la Emergencia Ambiental

http://eldia.com.do/image/article/42/460×390/0/64504919-8682-49E1-92E1-BB0BC1DD9ED3.jpeg

El pasado día 21 de octubre de 2010 fuimos invitados por la Conferencia del Episcopado Dominicano, por la Pastoral Universitaria y por la Pastoral Ecológica, para dictar la conferencia central del Foro titulado “Ecología y Medio Ambiente: Realidad, Desafíos y Compromiso”, para presentar allí un diagnóstico realista de la situación ambiental actual de la República Dominicana.

En nuestra disertación expresamos que la República Dominicana se encuentra hoy en una verdadera emergencia ambiental fruto del alto nivel de contaminación de las aguas superficiales y subterráneas producto del manejo irracional de los desechos sólidos y líquidos procedentes de las residencias, de las industrias, de los hoteles, de la agropecuaria y de la minería irresponsable.

Mostramos que las ciudades dominicanas carecen de alcantarillados sanitarios, y que por tal razón las descargas de las aguas negras residenciales van al subsuelo a través de improvisados pozos filtrantes que drenan hacia las mismas aguas subterráneas que aprovechamos a través de pozos tubulares, lo que produce una severa contaminación de las aguas subterráneas con altos niveles de bacterias coliformes, generando múltiples enfermedades gastrointestinales cuyo tratamiento le cuesta al Estado Dominicano cientos de millones de pesos anuales.

Dijimos que casi todos los ríos del país han sido convertidos en verdaderas cloacas urbanas que reciben todas las aguas cloacales residenciales, todos los desechos industriales, las aguas ácidas generadas por la minería a cielo abierto y gran parte de las basuras generadas por los municipios, y que basta ver los altos niveles de contaminación de los ríos Ozama, Isabela, Haina, Margajita, Yuna, Camú, Yaque del Norte, Yaque del Sur, Higuamo y Duey.

Expusimos que muchas alcaldías entienden que el mejor lugar para depositar las basuras es la orilla del río más cercano, pues de esa forma cada vez que haya una crecida del río éste arrastraría las basuras hacia aguas abajo, lo que calificamos como una barbaridad y una irracionalidad de los gobiernos municipales.

Enfatizamos que la ausencia de un Plan de Ordenamiento Territorial es una flagrante violación al Art. 30 de la Ley Ambiental 64-00, y que esa falta de ordenamiento provoca que decenas de miles de personas pobres se emplacen en las orillas de nuestros ríos, con lo cual contaminan severamente esas aguas y se exponen a los altos peligros derivados de las inundaciones generadas por las vaguadas, tormentas y huracanes.

Planteamos que mientras los programas de reforestación son muy tímidos y se concentran en las orillas de las carreteras para que la gente crea que hay una voluntad de repoblar los bosques, los aserraderos han vuelto a multiplicarse en todas nuestras cordilleras, aunque esta vez reciben el nombre de planes de manejo forestal autorizados por los funcionarios ambientales, y que hay funcionarios ambientales que operan planes de manejo forestal en el extremo occidental de la cordillera Central.

Señalamos que el Ministerio de Medio Ambiente aplica una política totalmente errada en lo concerniente a las extracciones de agregados de ríos y de canteras secas, pues sanciona y amenaza con cerrar a las escasas empresas que aplican correctas políticas de sostenibilidad ambiental extrayendo agregados sólo en las terrazas de los ríos, por encima del nivel freático y nivelando y reforestando los suelos minados, mientras las mismas autoridades permiten todo género de libertades a las empresas que depredan los cauces de los ríos, abren lagunas freáticas para sacar agregados por debajo del nivel del agua subterránea y destruyen las faldas de las montañas.

Reiteramos que el Ministerio de Medio Ambiente se comporta como una agencia recaudadora y no como una agencia reguladora, y que casi todas las decisiones de esa cartera son contrarias a los intereses ambientales del país, citando como ejemplo el caso de la cementera de los Haitises y el caso de la licencia ambiental irregular con que se ampara a la empresa minera Barrick Gold, indicando que en términos ambientales el país está totalmente desprotegido.

Recordamos que cada dominicano sabe que el Ministerio de Medio Ambiente autorizó irregularmente la instalación de un cementera en la frágil región hidrogeológica de Los Haitises, más con fines inmobiliarios que con fines industriales, pues la verdadera idea era apropiarse de 25,000 tareas de tierras propiedad del Consejo Estatal del Azúcar, y que esa irracionalidad fue defendida por el Ministro de Medio Ambiente, por el Director General de Minería, por la firma de abogados Pellerano & Herrera y por el propio gobierno dominicano, y que eso fue muy penoso, aunque afortunadamente el 85% de la población dominicana rechazó esa aberración ambiental, incluyendo los simpatizantes del PLD.

Esa conferencia fue dictada en presencia de monseñor Agripino Núñez Collado, Rector de la Pontificia Universidad Católica Madre y Maestra; del Rvdo. Ramón Alonso, Rector de la Universidad Católica de Santo Domingo; de monseñor Nicanor Peña, obispo de la Diócesis de La Altagracia, Rector de la Universidad Católica del Este y Vicepresidente de la Conferencia del Episcopado Dominicano; y de monseñor Jesús María de Jesús Moya, obispo de la Diócesis de San Francisco de Macorís y Presidente de la Comisión Nacional de la Pastoral Universitaria.

También estuvieron presentes el Rvdo. Francisco Ant. Jiménez R., Secretario General de la Conferencia del Episcopado Dominicano y Secretario Ejecutivo de la Comisión Nacional de la Pastoral Universitaria; el Rvdo. Fausto Ramón Mejía, Rector de la Universidad Católica del Cibao; el Rvdo. Ramón Alfredo de la Cruz, Rector de la Universidad Católica Nordestana; el Rvdo. José Goris, Rector del Seminario Santo Tomás de Aquino; el Rvdo. Francisco Escolástico, S.J, Rector del Instituto Especializado de Estudios Superiores Loyola, y Jovanny Krawinkel, Secretario General de la Pastoral Ecológica.

Allí estuvieron presentes otras distinguidas figuras de la Conferencia del Episcopado Dominicano, de la Pastoral Universitaria, de la Pastoral Ecológica, así como decenas de profesores de las universidades católicas y decenas de invitados católicos nacionales e internacionales.

El hecho de que una parte importante de la jerarquía de la iglesia católica haya convocado a esta importante jornada sobre Ecología y Medio Ambiente, y el hecho de que los principales obispos comprometidos con la preservación del medio ambiente dominicano hayan estado presentes en nuestra conferencia indica que la iglesia católica se siente en el deber de buscar la verdad sobre la situación ambiental nacional y desea velar por la preservación de nuestro hábitat, pero muy especialmente por la calidad del agua que consumimos.

El mismo hecho de que en los actuales momentos se haya emitido una alerta por la presencia del bacilo del cólera en la vecina y hermana nación haitiana, bacilo que en apenas una semana ha matado entre 250 y 350 haitianos y mantiene en muy mal estado a cerca de 3,100 haitianos contagiados, entre adultos y niños, nos confirma que nuestros descuidos en el manejo de las aguas superficiales y subterráneas siempre terminan en plagas que propagan mortandad y calamidad, pero nunca prestamos atención hasta que no vemos la silueta de la muerte rondando nuestra vecindad .

Los dominicanos, incluidos nuestros funcionarios ambientales, nos estamos comportando como verdaderos irresponsables en materia de medio ambiente, pues debía darnos vergüenza el hecho de ver que antes de la creación de la Secretaría de Estado de Medio Ambiente y Recursos Naturales, es decir, antes del 18 agosto del año 2000, había mayor vigilancia y mayor acción en contra de la contaminación y degradación de nuestras fuentes de aguas, pues la Comisión Nacional para el Medio Ambiente, la Comisión Nacional para el Saneamiento Ecológico, la Dirección Nacional de Parques y la Dirección General Forestal siempre se preocuparon por la calidad de nuestras aguas y por nuestro medio ambiente, cosa que no ocurre hoy con el Ministerio denominado Mimarena.

Y es que el Ministerio de Medio Ambiente de hoy transita en un vía crucis que va a la deriva, al igual que los demás ministerios y al igual que todo el gobierno y que todo país, lo que demanda una urgente revisión de las políticas públicas que se aplican y una urgente renovación del liderazgo político nacional, porque los estratos pobres del pueblo dominicano no aguantan más esta pesada cruz de hierro morado oxidado.

Afortunadamente la Iglesia Católica se está interesando en conocer la realidad ambiental y social de nuestro país, y la voz de la iglesia tiene mucho peso en un pueblo dominicano que tradicionalmente ha sido muy cristiano, y si el gobierno no ayuda a resolver los graves problemas del país, pues que ayuden las iglesias.

Sobre el autor

El Día

Periódico independiente.