La falta de educación convertida en problema social

José Miguel de la Rosa
José Miguel de la Rosa.

Los bajos niveles de educación, que tienen su origen tanto en los hogares como en las aulas, están escalando socialmente hasta alcanzar niveles tan preocupantes que, lamentablemente, hasta parecen normales.

El déficit educativo que exhiben muchas personas, sin importar su edad o sexo y que no debemos atribuir únicamente a la educación en las aulas o a los resultados de pruebas como PISA, también se está haciendo sentir con fuerza en los conductores que se pasan el semáforo en rojo; en los motoristas que circulan en vía contraria, por las aceras, túneles y elevados; en los “leones” de dos patas que agreden a una autoridad porque les exige cumplir las normas; en quienes se cuelan en una fila porque se consideran más “tigres” que los demás; en quienes lanzan basura donde no deben, o en aquellos que consideran “pendejos” a los que sí respetan las reglas.

Esto es lo que ocurre en una sociedad cuando la educación, en el hogar o en las escuelas, no logra formar ciudadanos capaces de convivir, respetar las reglas y entender que los derechos también implican deberes.

Una de las consecuencias más graves de una educación deficiente no es solamente que una persona tenga dificultades para leer, escribir o resolver problemas de matemáticas, sino que también tenga dificultades para vivir con los demás de manera ordenada y respetuosa.

Sin embargo, algunos ciudadanos sólo obedecen la ley cuando temen una sanción, y ese debería ser un punto de partida para buscar soluciones a estos problemas.

Y no es que falten leyes, porque leyes tenemos para casi todas las cosas. El problema está en su aplicación, que muchas veces se hace de manera parcial y discriminatoria.

Siempre se habla de que hacen falta más policías, fiscales o agentes de tránsito. Y precisamente llegamos a ese punto porque todavía no somos una sociedad lo suficientemente madura como para entender que no deberíamos necesitar un policía en cada esquina para recordar que hay que respetar un semáforo, ni un letrero para advertir que no se debe tirar basura o estacionarse donde está prohibido.

A muchos les hace falta desaprender aquello de “buscarle la vuelta a todo”, el “resuelve como sea”, aunque para hacerlo haya que pasar por encima de una norma o del derecho de los demás. Y aprender a respetar, ser responsables, cumplir las reglas, tener disciplina, entender que los espacios públicos son de todos, practicar la tolerancia y asumir que, así como tenemos derechos para exigir, también tenemos deberes que cumplir.

Sobre el autor

José Miguel de la Rosa

Egresado de la carrera de Comunicación Social, mención Periodismo, por la Universidad Tecnológica de Santiago (UTESA). Posee diplomados en comunicación política, periodismo de datos, periodismo digital, entre otros. Cuenta con más de 13 años de experiencia en el ejercicio periodístico, con cobertura en fuentes clave como el Palacio Nacional, Congreso Nacional, Junta Central Electoral (JCE), justicia, educación, política, policiales, temas comunitarios y económicos, entre otros. Ad...