La estafa es un deporte
La costumbre que tienen muchos de estafar en cualquier circunstancia se hace cada día más popular en nuestro medio.
Los deportes no se escapan a ello, con énfasis en el béisbol, ya que muchos peloteros ejecutan cualquier tipo de bellaquería con el objetivo de obtener un contrato, lo que a unos pocos les garantiza salir definitivamente de la pobreza, si en unos años llegan a establecerse en Grandes Ligas.
Pero aquí hay otros que no practican ni taquitos y en base a pequeñas estafas quieren cambiar su estatus.
Por ejemplo, el pasado domingo me llamó la atención un empleado de una moderna estación de gasolina ubicada a la entrada del sector de Herrera, por la excelentes atenciones que me prestaba mientras compraba combustible.
Lo primero que hizo fue llamar la atención para que estuviera atento a la pantalla, de que estaba en blanco, e inmediatamente comenzó a limpiar los cristales del vehículo.
No conforme con eso, se ofreció a medir el aceite y el agua del radiador, siempre con la palabra don a flor de labios.
Debo confesar que me sentí extraño con el excelente tratamiento que se me brindaba, lo que me hizo sospechar que algo pasaba o podría ocurrir.
Y exactamente fue así.
Le entregué la tarjeta de crédito para que cobrara mil 376 pesos que observé en la pantalla, la cual en pocos segundos me devolvió.
Sin embargo, tras firmarla, me percaté de que en vez de la cifra consumida el documento que estampé ascendía a mil 676 pesos, es decir, 300 pesos más.
Al llamarle la atención sobre el fraude, se excusó y pidió perdón de todas las formas posibles, e inmediatamente sacó y entregó los 300 pesos en efectivo.
Eso demuestra claramente que ese jovencito tiene esa estrategia muy bien planificada para engañar a los clientes.
Es por eso que ojo pelao cuando echa combustible o consume con su tarjeta de crédito, debido a que el engaño ya es uno de los deportes preferidos de muchos compatriotas.