La escuela de cada día
Todavía el año escolar 2025—26 no concluye de manera definitiva y ya se escucha el ruido de quienes avanzan diligencias para asegurarles a sus hijos un espacio en una escuela pública de su gusto y comodidad.
Porque una cosa es la valoración de la educación, que para algunos críticos es de mala calidad, y otra es la escuela según las necesidades de la gente de la base social.
Desde una oficina se alcanzan a ver las carencias de un sistema educativo que no responde a las demandas de estos tiempos. En el núcleo familiar de cualquier barrio, particularmente del Gran Santo Domingo, son de primer orden las diligencias para conseguirles un cupo a los hijos en una escuela en la ruta de la mañana, al salir al trabajo, y en la tarde, cuando ambos están de regreso a casa.
En otros casos los esfuerzos anticipados para encontrar cupos tienen que ver con la calidad del barrio en el que está ubicada la escuela más cercana, a donde no se quiere llevar a los hijos para evitarles compañeros de características que se consideran inconvenientes.
Porque a pesar de que las críticas de la escuela suelen estar enfocadas en la calidad, desde el punto de vista de una familia pobre lo primero es la seguridad de que sus hijos van a estar en un lugar bastante seguro mientras ambos, el menor de edad y los padres, están fuera de casa, que tendrán alimentación por cuenta del Estado y, en tercer lugar, que no tendrán “malas compañías” de las que puedan derivar una herida o adquirir “malas costumbres”.
No se trata de un ejercicio de relatividad con la educación en el centro, porque si es cierto que cada cual valora según sus circunstancias, de lo que se trata es de mostrar que en esto de la escuela no hay descanso.
Todavía el año escolar en curso no concluye y ya muchos padres agonizan para hacerles el mejor lugar posible a sus hijos en el de 2026—27, que inicia en agosto.