La devaluación del peso
Al hablar del mercado cambiario, por lo general, se tiende a pensar en la relación dólar de USA como principal moneda convertible frente a la moneda local. Habitualmente esto suele ocurrir porque a escala global las inversiones o negocios en moneda extranjera se formalizan con dicha moneda, pero que en términos de competitividad del comercio exterior, el tipo de cambio alrededor de esta es determinante para importar y exportar.
En el contexto del razonamiento expuesto, se ha de entender que la devaluación de una moneda hace referencia a la pérdida de valor de la misma en comparación con otra u otras monedas, por tanto, puede afectar a la actividad económica de un país y a las finanzas personales. Y es que cuando la moneda local, como el peso, se deprecia o devalúa, esto se traduce en una pérdida espantosa de su poder de compra respecto a las del extranjero, razón por la cual cuando observamos que la tasa de cambio aumenta, entonces, la moneda local tiende a debilitarse frente a la otra divisa más fuerte como lo es el dólar.
Es relevante destacar que la devaluación de una moneda se traduce en una pérdida del valor o capacidad de compra de esta, situación que se expresa en una caída del precio de las exportaciones y un encarecimiento en los precios de las importaciones. En adición, cuando se presenta la devaluación de la moneda local, esto significa que las reservas internacionales son incapaces de respaldar el dinero circulante, causando esto que el dinero fluya sin aumentar la riqueza en ese país, por lo que se genera un ambiente de riesgo e incertidumbre generalizado en el mercado cambiario.
Y es que las consecuencias de una devaluación como la que se ha estado registrando en la Republica dominicana, tienen su mayor acentuación en los niveles de inflación, situación que desorienta a productores y consumidores, desarticula la inversión, frena el crecimiento de la economía y activa el déficit fiscal. Por igual, se genera una persistente volatilidad de precios, en donde predomina la asimetría de las informaciones, pues la confianza y la credibilidad se disipan en un escenario forrado de inseguridad.
Con el horizonte que se ha derivado de la devaluación del peso dominicano, las autoridades económicas están obligadas a ser prudentes y actuar de manera juiciosas ya que algunas medidas adoptadas como pasar de permitir que los agentes no generadores de divisas puedan acceder de un 15% a un 25%. Se argumenta que con esta ampliación en los límites para la compra se desarticula el riesgo cambiario, sin embargo, las evidencias empíricas demuestran que la intervención del banco central con inyecciones de dólares ha resultado ser mucho más afectiva que las medidas anunciadas, lo que podría activar mucho más la desconfianza.
Un elemento inesperado que avala lo planteado lo es la nueva política arancelaria por parte de EE. UU, en el cual las exportaciones dominicanas entrarían a esa nación con un 10% de aranceles, situación que gravitará de manera directa en el mercado cambiario dominicano y que va a imprimir mayor volatilidad en el tipo de cambio. Pues como se sabe, en economía las variables macroeconómicas no son lineales, sino que responden a comportamiento curvilíneas con fuertes ondulaciones que modifican de manera brutal la orientación de la actividad económica.
La preocupación por el comportamiento del tipo de cambio, peso/dólar, se deriva del hecho cierto de que en el marco macroeconómico en que se elaboró el presupuesto del año 2025 se contempla que el tipo de cambio máximo sea de RD$63.20 por un dólar para todo el año, pero resulta que ya en el primer trimestre se ha superado ese límite. Pues esa debilidad que muestra el peso es la que está generando inquietud en los agentes económico por temor de que haya consecuencias generalizadas como son incremento en los déficits comerciales, fiscal y la insostenibilidad de la deuda publica con un entorno internacional intenso, perturbador y nubarrones impredecibles con ruidos incontrolables.
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