Jueves, 20 de junio, 2019 | 5:01 am

La corrupción sigue a caballo



Los liderazgos políticos, históricamente, han sido los principales responsables y promotores de la corrupción, que bajo diversas vertientes se generalizan con el objetivo de que ellos mismos y sus principales adláteres logren una holgada posición económica y social, mediante lo cual logran puestos cimeros que casi siempre los hacen “intocables” para la maquinaria judicial que implementan para tales fines.

Si en política ese mal ha sido casi eterno, en los deportes está tomando características muy peculiares, aunque con cierto parecido a las otras metodologías de corrupción que, como todo en la vida, tiene muchas dimensiones y procedimientos.

No pasa una semana sin que se denuncie o se condene a algún dirigente deportivo por sobornos o corrupción.
La obtención de sedes para eventos de gran trascendencia, como Juegos Olímpicos o Mundiales de Fútbol, han sido los principales focos donde se detectan los casos más emblemáticos de inmoralidad, depravación y perversión, patrocinados y auspiciados por una casta que se presenta como “monumento de moralidad.”

Nadie dentro del movimiento deportivo se atrevió a acusar en directo, aunque se conocía a decenas de corruptos “honorables”, que al paso del tiempo han ido cayendo, gracias a la acción de la Justicia estadounidense, que mostró e investigó esos casos cuando los intereses de ese país resultaron lesionados.

La renuncia del presidente del Comité Olímpico de Japón, Tsunekazu Takeda, esta semana , es una admisión de que la sede de los juegos de Tokio 2020 fue producto de sobornos a los delegados de diversos países.

Y el caso más reciente sucedió ayer, cuando la comisión de ética de la FIFA impuso una suspensión de por vida al expresidente de la Federación Ecuatoriana de Fútbol Luis Chiriboga, por aceptar sobornos vinculados a los derechos de comercialización de la Copa América y la Copa Libertadores.

Esa ha sido la práctica más común en todos los estamentos del deporte, nada más parecido a lo mismo que ocurre en la política partidista, en especial en países del llamado tercer mundo.

El deporte siempre se ha puesto como modelo para el desarrollo físico y moral, pero con estos ejemplos se demuestra que no andamos por buen rumbo, que todo conduce a la podredumbre si no se detiene urgentemente.

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