La Sociedad Interamericana de Prensa (SIP) está reunida en Bogotá para pasar balance a la situación de la libertad de expresión en el Continente y reflexionar sobre los desafíos que enfrenta una industria periodística sometida a profundas transformaciones.
Podría pensarse que el principal reto de los medios de comunicación es adaptarse a las nuevas tecnologías, responder a los cambios en los hábitos de consumo de información o encontrar modelos de negocio que garanticen su sostenibilidad económica.
Sin embargo, esos son desafíos relacionados fundamentalmente con la manera de producir, distribuir y financiar contenidos. Son importantes, pero no constituyen la amenaza más grave que enfrenta el periodismo.
El verdadero desafío es el debilitamiento del Estado de derecho, la erosión de las instituciones democráticas y el deterioro de las condiciones que permiten ejercer libremente el periodismo.
En distintas partes del mundo se multiplican las presiones contra los medios independientes, los intentos de desacreditar a los periodistas y las prácticas que buscan reducir los espacios para la crítica y la fiscalización del poder.
A ese escenario se suma la creciente capacidad de producir y difundir informaciones falsas, manipular imágenes y fabricar acontecimientos que nunca ocurrieron.
La inteligencia artificial, que ofrece oportunidades extraordinarias para mejorar el trabajo periodístico, también proporciona herramientas capaces de alterar la realidad con un nivel de sofisticación que dificulta distinguir lo verdadero de lo falso.
El problema no es solamente que circulen mentiras. Es que la manipulación sistemática de la información termina debilitando la confianza pública, confundiendo a los ciudadanos y erosionando la posibilidad de tomar decisiones a partir de hechos verificables.
La reunión de la SIP debe servir para recordar que la libertad de prensa no es un privilegio de los periodistas ni de las empresas informativas. Es un derecho de la sociedad y una garantía indispensable para la democracia.
La tecnología está transformando la manera de hacer periodismo. Lo que debemos impedir es que el deterioro institucional y la manipulación de la verdad terminen destruyendo su razón de ser.