Independencia y democracia

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Podemos afirmar que República Dominicana tiene un legado democrático que se afianza y avanza con los años, pero todavía hay que seguir insistiendo en fortalecer las instituciones y los valores cívicos en gobernantes y gobernados, para pasar a un período donde prime el imperio de la ley y el respeto de la Constitución, madre de todas las leyes.

El hecho de que hoy recordemos un acontecimiento como la Independencia Nacional, que nació el 27 de febrero de 1844, constituye un punto de frontera, y que, posteriormente, otros acontecimientos, batallas y escaramuzas políticas, consolidaron.

Hablamos de que la Independencia es una referencia fronteriza porque enseña a los dominicanos dónde termina la ocupación haitiana, el oprobio e irrespeto de los derechos humanos y cuándo empieza nuestro despertar libertario.

Ese principio independentista de 1844 tuvo sus consecuencias. Hubo momentos tristes y desgarradores. Se trató de uno de los acontecimientos que llevó el luto y el dolor de la sangre derramada a muchos hogares de familias que empezaban a denominarse dominicanas.

Tenemos que sentirnos hoy –y per sécula seculórum–, en deuda con aquellos pioneros: Juan Pablo Duarte, Francisco del Rosario Sánchez y Matías Ramón Mella, que tomaron en su momento la decisión correcta de enrumbar a la República Dominicana por un nuevo camino.

Las nuevas generaciones son herederas de aquellos acontecimientos que terminaron con la expulsión de las huestes opresoras, un día como hoy.

Esperemos que nuestro presente nos lleve a un futuro luminoso, con apego a las leyes, con el respeto y el homenaje eterno a los forjadores de nuestra independencia.

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