Incongruencias

Nunca podrá haber una solución definitiva a la proliferación de los matrimonios infantiles, las uniones tempranas y los embarazos no planificados en niñas y adolescentes si no hay planes congruentes en el Estado dominicano.

Tampoco habrá sosiego social si continuamos por el derrotero económico y la pobreza de la ahora clase media, donde a una familia de este sector se le condena a vivir con un sueldo de 10 mil pesos mensuales.

La pobreza de la clase media incide en mayores índices en la violencia de género y la deserción escolar, que se produce en jóvenes adolescentes.

Dejar la escuela es una dolorosa y forzada decisión que termina cercenando el futuro de cientos de dominicanos de manera temprana, y que ya sin el amparo de los estudios tratan de hallar una solución económica a su vida mediante una unión temprana.

Y esa aparente solución de vida se transforma en el origen de otros problemas encadenados que, por décadas, acogotan a la sociedad y consumen de manera caótica presupuestos del Estado.

Los retos de desarrollo de República Dominicana se ven tronchados por la incongruencia. Y la prevalencia de los embarazos infantiles y las uniones tempranas constituye el problema bicéfalo más patético de la incongruencia social.

Las autoridades saben qué hay que hacer, si hubiera una verdadera voluntad de revertir el drama de los partos, cesáreas y abortos de niñas y adolescentes menores de 15 años. Claro que sí.

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