Durante los últimos años, buena parte de la conversación empresarial sobre inteligencia artificial (IA) se centró en su capacidad para responder preguntas, resumir documentos, redactar contenidos o analizar información, la siguiente etapa apunta a un cambio más profundo: pasar de asistir al usuario en tareas aisladas a coordinar procesos completos dentro de la organización.
Una empresa obtiene valor limitado cuando la IA únicamente explica qué ocurrió, pero puede generar un impacto mayor cuando ayuda a identificar el problema, reunir información, coordinar tareas y preparar acciones para resolverlo. Esto permite reducir tiempos de respuesta y disminuir la carga administrativa.
“El valor económico de la inteligencia artificial no reside únicamente en generar respuestas más rápidas, sino en reducir la brecha entre una decisión y su ejecución.
Cuando los asistentes pueden reunir información, coordinar tareas y presentar alternativas dentro de los controles de la empresa, los equipos dedican más tiempo al análisis, negociación y toma de decisiones”, dijo Cristóbal Vergara, director de la región Andina, Centroamérica y Caribe de SAP.
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