Hoy estoy de mal humor
Hay días en los que estoy peleada con el mundo. Me siento cansada, irascible y de mal humor. En esos días trato de retraerme y socializar lo menos posible con los demás para no hacerles objetivo de mi mal temple, pero sobre todo para no escuchar: “¿Qué te pasa?”, “¿por qué te sientes así?”, “tienes mil razones para ser feliz” o “seguro es algo hormonal”. No lo dudo, pero simplemente hay momentos en los que uno no se siente bien.
El ruido molesta, las conversaciones cargan, la vida se hace pesada… Y he llegado a la conclusión de que cuanto más trates de buscar la razón y de superarlo pensando en todo lo bueno de tu vida… más difícil se hace soltarlo porque, al final, hay que permitirse sentir; a veces será felicidad, otras enojo o frustración.
No debería pasar nada porque en esos momentos en los que caminar entre la gente se hace cuesta arriba, uno pueda admitirlo, sentirlo y dejar que eso fluya, impacte y pase.
Cuanto más se lucha contra eso, más vuelve a aparecer y a veces por cosas insignificantes, pero la carga ya es grande y una última gota rebosa el vaso.
No digo que sea algo a lo que haya que acostumbrarse, normalizar e instaurar. Me refiero a que no pasa nada si un día quieres aislarte, desahogarte, sentirte mal, gritar si es necesario.
En el fondo acaba siendo liberador porque cuando te levantas al día siguiente, normalmente todo luce de otro color, hasta te ríes de cómo te sentías el día anterior y sales con fuerzas renovadas.
Hay ocasiones en las que no hay que buscar una explicación a lo que sientes, simplemente sentirlo y dejarlo ir, y si los demás no lo entienden, pues qué importa, al final eres tú y tus sentimientos.
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