Hay que corregirlo

editorial

La Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo ha tenido que enfrentarse en estos días, por enésima vez, los daños causados en una de las grandes cañerías del servicio de agua potable por operadores de una máquina perforadora de pozos.

Por lo visto lo de hacer este tipo de intervenciones para extraer agua o para descargarla al subsuelo es una práctica común que, en el caso del Gran Santo Domingo, se lleva a cabo sin tomar en cuenta a la CAASD, no porque sea la única institución de servicio público que pueda ser afectada, sino por la frecuencia con que ocurre.

No siempre las afectadas son las líneas de conducción de agua. Algunos deben de recordar todavía el agujero hecho tres años atrás con una de estas máquinas en el techo del túnel de la avenida Ortega y Gasset, Distrito Nacional.

En esta ocasión el daño fue causado en una línea de 67 pulgadas (esta medida equivale a un diámetro de 5 pies y 7 pulgadas) del Acueducto Oriental o Barrera de Salinidad, la cual debió ser sacada de servicio.
Cualquiera con un mínimo de información sobre la importancia de los servicios que ofrece la CAASD, entre ellos el de mantener agua potable en tuberías grandes y pequeñas, puede suponer que perforar un pozo debe requerir algunos permisos.

Se puede presumir que quien se encuentra en la necesidad de darle salida a las aguas residuales de viviendas o edificios acude ante esta institución, la cual debe de contar con planos y mapas de las redes de acueductos.

También deberá ser de lugar obtener una autorización del ayuntamiento correspondiente y tal vez sea en esta doble vía en la que se encuentre la causa de este hecho recurrente sin que hasta ahora la afectada haya informado de acciones legales en reparación de daños y perjuicios.

Esta es una debilidad que debe ser corregida o un día nos enteraremos después de haber bebido y usado mucha agua sucia.