Haití y República Dominicana necesitan una relación de desarrollo
- La estabilidad haitiana también conviene a los dominicanos; una economía vecina más fuerte ampliaría el comercio, mientras se ejecuta una política migratoria ordenada y protegida por el cumplimiento de la ley y los derechos humanos
Para comprender la relación entre la República Dominicana y Haití hay que mirar la historia de dos naciones que comparten una isla, un territorio y desafíos comunes, pero que desarrollaron culturas e idiomas distintos. Esa cercanía ha producido momentos difíciles y también una interdependencia que conviene analizar con serenidad.
Haití atraviesa una grave crisis de seguridad e institucionalidad, la violencia de las bandas criminales, junto con la falta de acuerdos entre sus principales actores políticos, ha debilitado la vida económica y cotidiana de la población. La crisis no puede reducirse a una sola causa, pero la incapacidad de construir consensos y colocar el interés colectivo por encima de las disputas particulares ha contribuido a profundizarla.
La economía dominicana ha avanzado en áreas como la industria, el turismo, la agricultura y la manufactura, ese desarrollo ha fortalecido su posición económica en el Caribe y ha convertido este país en un proveedor importante para el mercado haitiano, por tanto, la relación comercial merece observarse con datos y sin consignas.
Las cifras citadas para el cierre de 2025 sitúan las exportaciones dominicanas hacia Haití en US$1,202.92 millones de dólares y las importaciones procedentes de ese país en US$5.86 millones de dólares, de acuerdo con esos valores, el superávit comercial dominicano fue de US$1,197.06 millones, más allá de la magnitud precisa de cada indicador, el intercambio muestra el peso que tiene el mercado haitiano para productores dominicanos.
¿Quién se beneficiaría de un Haití más estable y próspero? Ambos pueblos, sin duda, pero en un porcentaje mucho mayor la República Dominicana, si aumenta el ingreso y el poder adquisitivo de los consumidores haitianos, esto impactaría en un aumento de la demanda de bienes y servicios que las empresas dominicanas están en condiciones de ofrecer; por tanto, la recuperación de Haití abriría oportunidades comerciales y ayudaría a construir una relación fronteriza más dinámica, además reduciría enormemente el flujo de migrantes ilegales a territorio dominicano.
Por eso es preocupante que el debate público se convierta en una competencia de descalificaciones, algunas voces de corte “ultranacionalista” presentan cualquier vínculo con Haití como una amenaza y alimentan comentarios cargados de prejuicios y afectados por el complejo de inferioridad que los caracteriza. En ocasiones, es por la búsqueda de atención y monetización en los medios y las redes sociales, desplazando el análisis responsable, Haití es nuestro vecino y un socio comercial relevante, discutir sus problemas con rigor responde también al interés dominicano.
Una relación de cooperación no elimina la obligación de cumplir las leyes migratorias, la República Dominicana tiene derecho a regular el ingreso y la permanencia en su territorio, y debe hacerlo con procedimientos ordenados, respeto a los derechos humanos y apegados al cumplimiento de los compromisos internacionales asumidos. La seguridad nacional y la dignidad de las personas deben formar parte de una misma política pública.
El Gobierno dominicano ha promovido iniciativas y ha hecho llamados para que la comunidad internacional contribuya a normalizar la vida en Haití, ese esfuerzo debe continuar, junto con medidas firmes contra el tráfico ilícito en la frontera y el apoyo a soluciones que permitan recuperar la seguridad y la actividad económica; La estabilidad haitiana no es un asunto ajeno, puede favorecer el comercio, reducir tensiones y ofrecer mejores perspectivas a toda la isla.
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