Gracias!
En estos días todos hacemos balance, un ejercicio estratégico emocional a los fines de prepararnos para un nuevo año. Nos embarcamos en establecer metas, anhelos y por qué no, estúpidos antojos que en nada nos hacen crecer en lo más importante como ser humano; más aún, sin querer, damos por descontado algo elemental: cómo llegamos hasta aquí?
Más allá de la poderosa mano de Dios, algunos mortales influencian para moldear nuestra conducta, actitud y forma de relación con los demás coterráneos. El año pasado perdí tres de ellos:
A Aracelis Melo, la conocí a finales de los 90. Entré con la idea de hacer un programa de entrevistas conducido por jóvenes a la estación de televisión Amé canal 47 y en apenas semanas me tenía en el aire. Su eterna sonrisa, su talento, valentía y apoyo, me enseñaron una palabra, solidaridad, ésa que mantuvo hasta el último día en que inexplicablemente fui coartado de mi derecho a la libre expresión. Pero como misteriosos son los designios del Señor, ese hecho me llevaría a conocer a otro del que todos aprendimos y seguiremos aprendiendo, Freddy Beras Goico.
Sentado en su despacho me recibió en su edificio de la Avenida Bolívar, le expliqué lo que me había pasado, me escuchó y al final me dijo, voy a investigar y te haré saber; nunca me hizo saber, sino que hizo más, ese domingo mientras veía El Gordo de la Semana, de la nada mencionó mi nombre y a continuación lanzó una andanada de las que nos tenía acostumbrados en defensa de lo que es innegablemente uno de los pilares de la democracia, el derecho a disentir. Ayudar a alguien que usted acaba de conocer es lo que me enseñó Freddy, lo que popularmente se conoce como amor al prójimo.
Al tercero, lo conocí hace varios años cuando entré acompañando a mi padre al almuerzo de año nuevo en casa de mi querido Tio Orlando Haza en Jarabacoa. Salvador Jorge Blanco estaba sentado compartiendo amenamente, mi padre lo saludó y me introdujo: Salvador, este es mi hijo, que quiere ser político.
Pensé que Jorge Blanco lo tomaría a chanza, pero acto seguido me dijo, ven acá y haciendo un aparte, me dedicó alrededor de 15 minutos a solas, en los cuales me explicó en síntesis aquello de que en política es más importante lo que no se ve que lo que se ve. Fue una conversación paternal de esas que deben haber disfrutado Orlando y Dilia Leticia, y la cual me reservo, pues lo que se habla con un Presidente no se divulga.
Al día de hoy, cada día pongo en práctica lo que me enseñó el Dr. Jorge Blanco, aunque no lo haya desarrollado como yo quisiera pues de nada sirven la solidaridad y el amor al prójimo sino puedes navegar astutamente con esas virtudes por los océanos de la maldad y la vileza en la política. Por eso, sea cuales sean mis planes o metas, aprovecho hoy para decirle a los tres….Gracias!