La idea no es nueva: las fronteras son territorios para el tránsito y el tráfico de un país a otro. La nuestra con Haití no es una excepción.
Hay un inocultable tránsito y tráfico de un país a otro; y en doble vía. De tiempo en tiempo se ataca el mal servicio de defensa y vigilancia. Además de que no existen en ese paso los dispositivos necesarios para detectar armas, ni perros amaestrados para decomisar drogas.
Las autoridades en servicio de la zona pueden decir que sí, pero hasta ahora no hay un informe imparcial, hecho por una institución nacional o internacional que avale la seguridad o el servicio inquebrantable de vigilancia que impida, ciertamente, el tráfico y trasiego de todo tipo.
Todo parece indicar que también lo de la frontera es parte de lo que está mal y tenemos que corregir. ¿Se podrá hacer en el presente cuatrienio? Ojalá. Empezar por formalizar las relaciones comerciales con Haití sería un importante paso.