Fracaso del Modelo Irlandés
Desde la explosión de la crisis financiera hace dos años en Estados Unidos y su efecto dominó sobre las demás economías industrializadas y emergentes; una de las economías europeas más afectadas por los mercados financieros y los vaivenes de los inversionistas ha sido la irlandesa, la cual se ha convertido en ejemplo clásico de todos los trastornos de la actual crisis sistémica internacional.
En los últimos meses la deuda irlandesa ha tenido el peor desempeño en comparación con los demás índices europeos, incluso el tipo de interés de la última colocación de deuda a ocho años triplicó al alemán que es utilizado de referencia, siendo esto un símbolo concreto de la falta de confianza de los inversionistas ante la inestabilidad de la economía de Irlanda. El caso celta parece sacado de un libro de texto de crisis sistémica, con una burbuja en el sector inmobiliario amasada gracias a mano de obra barata extranjera proveniente de Rusia y Polonia, más un sector financiero con gran peso en la economía con un manejo corrupto e irresponsable.
Durante la década del 1990, Irlanda adoptó las llamadas reglas del Consenso de Washington, que no eran más que un compendio de diez medidas económicas propuestas por el economista norteamericano John Williamson para que un país logre desarrollarse basadas en privatización, disciplina fiscal y desregulación. Producto de estas medidas, Irlanda logró un pomposo crecimiento, llegando a convertirse en el país con mayor renta per cápita de la Unión Europea.
Este vertiginoso y prolongado crecimiento del otrora tigre celta se basó en el sector construcción, que al igual que en España logró inflar los precios de las soluciones habitacionales y produjo un fuerte endeudamiento familiar; al momento del estallido de la burbuja inmobiliaria en Estados Unidos y su posterior contagio por el resto del mundo, el inflado déficit celta no logró contener la debacle en el sector financiero, el cual está pasando por un difícil proceso de reestructuración.
En medio del fracaso del modelos irlandés, éstos se rehúsan a plantear un plan global de rescate como sucedió con Grecia, no porque no lo necesiten urgentemente, sino para no aceptar la dura reforma económica que conlleva la firma de este plan de rescate y no ser catalogados ante la comunidad internacional como uno de los países que quebraron ante la crisis. Pero de lo que si estamos seguros, es que en caso de seguir el despilfarro y el déficit, el panorama de este país es totalmente sombrío.