Expectativas vs. Ejecutorias

http://eldia.com.do/image/article/43/460×390/0/4582C277-9C98-452B-96BF-36366A01C0F9.jpeg

Se discute mucho hoy día el tema de la eficacia del sistema democrático y su sostenibilidad, pues existen grandes paradojas entre la prédica de sus virtudes y valores y sus manifestaciones concretas.

La gente se cuestiona si la democracia vale la pena, cuando las instituciones y los procesos políticos son excluyentes y el desarrollo con equidad no han sido posibles en la mayor parte de los países y estados donde en la actualidad pervive dicha forma de gobierno.

Quienes ejercemos el sufragio lo hacemos estimulados por las esperanzas vendidas, a través de sus programas, por quienes aspiran a dirigir la cosa pública, desde cualquier función del Estado. Con la suerte echada en una nueva oportunidad para hacer renacer la esperanza, confiamos en el candidato elegido para hacer realidad sus promesas. Pero, en los hechos, las expectativas del pueblo soberano chocan de frente con una realidad distante del bien estructurado y emotivo discurso.

Más allá del tiempo de espera para poder ejercer nuevamente el derecho al voto para elegir otro candidato sembrador de ilusiones, el ciudadano necesita y debe exigir en cada momento el ejercicio responsable de la función pública, lo que implica el establecimiento de mecanismos de control del programa de gobierno que dio lugar a su elección.

El representante está vinculado a su plan de trabajo, so pena de desconocer el mandato de fidelidad programática y, eventualmente, de ser sancionado por prevaricación, cuando incumple, por acción o por omisión, las atribuciones y deberes propios del cargo.

La eficacia de la administración pública debe dejar de ser un mecanismo promocional, de consumo de papel y costosa dinámica comunicativa, cuyo vacío práctico, además de constituir una ruptura entre las expectativas y el desempeño, genera frustración y culmina en un círculo vicioso provocador de tensiones y conflictos, a la vez que pone en riesgo las instituciones democráticas. Coherencia del verbo con la acción es una exigencia para quienes optan por ostentar un cargo en el Estado.

No hacerlo es una burla del elector, quien no podrá quedarse de brazos caídos frente a esa tomadura de pelo.

Sobre el autor

El Día

Periódico independiente.