Estrategia de la indefensión ante feminicidios
Hace más de una década, a la primera persona que leí referirse a la estrategia de la indefensión fue al politólogo Leonte Brea, maestro de maestros, para extrapolar al tejido social dominicano, en forma de análisis, una serie de experimentos del psicólogo y escritor estadounidense Martin Seligman, quien experimentó acerca de lo que convino en denominar indefensión aprendida.
La indefensión aprendida, a menudo referida como estrategia o estado, constituye un fenómeno psicológico donde un individuo asume que sus acciones no tienen efecto sobre su entorno. Tras experiencias repetidas de fracaso o dolor, la persona se rinde, adoptando una pasividad extrema, incluso cuando se presentan oportunidades reales de superación.
Lo cierto es que había olvidado ese fenómeno, pero una desafortunada declaración de la ministra de la Mujer, Gloria Reyes, quien frente a preguntas periodísticas acerca del incremento de los feminicidios en República Dominicana, se muestra vencida y recurre a una retórica evasiva señalando que las estadísticas de mujeres asesinadas de manos de sus parejas no reflejaban las vidas que se salvan.
“Lamentablemente, las cifras de los fallecimientos, que son las más duras, son las que vemos, pero no estamos viendo las mujeres que también se salvan todos los días”, dijo. Indicó que, durante el 2025, el Poder Judicial recibió 73 mil denuncias, afirmando que en ese número se pueden apreciar las “vidas que por la intervención del Estado se accionaron protocolos que evitaron que mujeres murieran”.
En 2026 se han registrado decenas de feminicidios en República Dominicana, de acuerdo con distintas estadísticas que ofrecen por separado la Dirección Nacional contra la Violencia de Género del Ministerio Público, el Ministerio de la Mujer, la Oficina Nacional de Estadísticas (ONE) y el Observatorio de Justicia y Género del Poder Judicial.
Un simple análisis a esa retórica discursiva de la funcionaria revela vencimiento e incapacidad del Ministerio de la Mujer y de las demás instancias gubernamentales responsables de ejecutar políticas públicas encaminadas a afrontar con éxito una realidad que alcanza ribetes de salud mental.
Las cifras de feminicidios aumentan cada año, enluteciendo a familias dominicanas; incluso algunos de ellos mostraron la posibilidad de ser evitados. Los medios de comunicación y las plataformas de redes sociales son testigos lúgubres de este panorama sombrío, sin que aparezcan políticas públicas efectivas.
La impotencia o la desesperanza aprendida no sólo se produce cuando las acciones de un actor o grupo carecen de incidencia sobre el medio ambiente, sino también cuando por cualquier razón, llegan a creer, sin ser necesariamente cierto, en la inutilidad de continuar la acción o de lo que puedan o son capaces de hacer. Esto significa que han aprendido a desesperanzarse, por lo que terminan atrapados por la definición de realidad de sus adversarios.
Martin Seligman prueba que las personas como los animales pueden aprender a sentirse impotentes, indefensas o a desesperanzar cuando perciben que su comportamiento, hagan lo que hagan, carece de incidencia o control sobre la realidad. Y si la propia población percibe que, desde el Estado, especialmente el Ministerio de la Mujer y el Ministerio Público, no se disponen de las estrategias para superar esos miedos e impotencias, el nivel de desesperanza será mayor en la medida en que se prolongue el tiempo sin solución.
El incremento de los feminicidios refleja fallas institucionales en la prevención y protección de las víctimas, exigiendo políticas de educación, justicia y salud pública, que requiere de políticas públicas efectivas para su solución.
El Ministerio de la Mujer debe revisar su estrategia de la indefensión frente a esa violencia estructural contra la mujer.