Esto es increíble
Es una lástima, un verdadero irrespeto, un crimen, una burla, lo que sucede en el que fuera hasta hace poco el principal pulmón de la ciudad de Santo Domingo.
El Centro Olímpico Juan Pablo Duarte (qué forma más hermosa de honrar al Padre de la Patria), que en una época constituyó un orgullo para los dominicanos, es hoy un vertedero a todo lo largo y ancho de su extensión,.
Hoy toda el área que ocupa, por cierto mostrenca por la gran cantidad de construcciones de mal gusto e improvisadas, causa lástima en todos los sentidos. .
No hay una sola instalación deportiva que se encuentre en condiciones óptimas y las áreas donde antes había grama y espacios para ejercitarse hoy son parqueos improvisados y grandes vertederos de materiales de construcción.
Lo bueno del caso es que ni siquiera las autoridades encargadas de velar por su buen funcionamiento tienen poder para detener el crimen que desde hace meses se viene cometiendo con ese complejo.
Asimismo, los olímpicos, en una época verdaderos gallitos de pelea cuando se intentaba tocar aunque fuese con el pétalo de una rosa esa área, desde hace tiempo no dicen ni esta boca es mía, una complicidad marcada, sin precedentes en los anales de las luchas que ha librado el movimiento deportivo.
Lo que está ocurriendo con el Centro Olímpico es como cuando ataca un cáncer que hace mestástasis en todo el organismo.
¿Cuáles son las causas por las que nadie es capaz de alzar su voz de protesta ante este desastre?
El Centro Olímpico Juan Pablo Duarte necesita con urgencia que se realice una vigilia permanente en pro de evitar su desaparición definitiva.
Si continúa la depredación que se mantiene desde hace un tiempo, en menos de dos años será un grato recuerdo de las viejas generaciones de deportistas.
¿Pero cómo es posible tanto silencio cómplice en momentos en que se lucha en toda el mundo por preservar y crear espacios de ese mismo modelo?
Definitivamente, esta sociedad perdió sus objetivos fundamentales desde hace tiempo.
Todo indica que el movimiento deportivo, y con ello el país, ha derivado en un conjunto de estúpidos, incapacitados para exigir sus derechos.
Y quiérase o no, cuando eso ocurre ante la mirada indiferente de todos, se está efectuando un proceso de disolución general de todas sus estructuras.
Cuando se quiera reaccionar será demasiado tarde para resarcir hechos tan lamentables como es la destrucción de un espacio como el Centro Olímpico, el cual, producto del crecimiento natural de la población y la escasez de terreno, será imposible de recuperar. No hay duda de que quienes destruyen el COJPD son verdaderos criminales, en todo el sentido de la palabra.