¿Está preparada la población dominicana para enfrentar los retos del autismo?
Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), el autismo o trastorno del espectro autismo (TEA), es una afección del desarrollo neurológico, permanente y de base neurobiológica, que se manifiesta en la primera infancia.
Se llama «espectro» por la gran cantidad de formas en las que se manifiesta, es decir, que cada persona autista es única y diferente.
Todavía no se conoce una causa de esta condición, algunos lo atribuyen a las vacunas y los metales pesados, algo que es totalmente cuestionable, mientras otros creen que esto se debe a factores genéticos, neurológicos y ambientales.
Si analizamos los países con más casos de autismo a nivel mundial, las segundas aseveraciones son más puntuales.
Ayer, mientras estaba en un lugar, pude ver con asombro la pelea entre una adulta mayor y un niño que aparentemente era su nieto, el cual no pasaba de 10 años. Yo estaba perpleja ante tal espectáculo, porque ambos se estaban pegando, él gritaba desesperadamente con palabras que no se entendían, mientras las demás personas se reían.
Confieso que sentí apuro y no sabía qué hacer y se me ocurrió sacar una galleta de mi mochila y a distancia, se la ofrecí (pensaba que esta era una forma de calmar la furia del niño), hasta que tomé la decisión de ir a preguntarle a la señora si necesitaba ayuda, pero lo hice con sutileza y dulzura.
Al parecer, ella se sintió avergonzada y empezó a explicarme que su nieto era «especial» que tenía autismos y que él se ponía violento porque quería usar el celular.
Yo la entendí perfectamente y pude imaginar que su reacción fue por la frustración de no saber cómo manejar la situación en público (aunque nada justifica la violencia).
Solo pude asentir con la cabeza a todo lo que ella decía, también le respondí algunas cosas al niño (aunque no entendí nada) y con mucho amor y respeto le señalé donde estaba sentada y le dije que si necesitaba alguna ayuda, que no dudara en avisarme. Luego de mi intervención, el niño se calmó y los dos se abrazaron.
Esta situación me hizo pensar sobre qué tan preparados estamos como sociedad para tratar personas con autismo y otras circunstancias que comprometen la salud mental, porque si un familiar, que vive el día a día con esta condición, no sabe cómo conducirse, imagínense el resto del país. Que, en vez de mostrar solidaridad, vemos ciertos comportamientos como un show.
Hasta el momento, me ha tocado ver el autismo desde lejos, pero no puedo ser indiferente ante un tema que debe ser asunto de cada ciudadano del mundo; porque quien está viviendo con un autista, no la está pasando bien.
Además de estar lidiando con una frustración tremenda por no saber qué hacer, estas personas están agotadas mental y físicamente y no es justo que alguien tenga que pasar por esto en soledad.
Con la mano en el corazón le hago un llamado a la ciudadanía a educarnos sobre estos temas, porque el autismo no es un chiste, pero cuando llega, no mira cara, religión, razas, ni clases sociales, a cualquiera le puede tocar convivir con este espectro, por lo tanto, le hago un llamado a las distintas religiones, a los empresarios, políticos y al Gobierno de la República Dominicana en general a proteger las familias que viven con el autismo.
Ya está bueno de tanta indiferencia ante el dolor, porque todos estamos mirando para los lados mientras estas familias se desgastan.
Vamos a diseñar programas educativos para toda la población, vamos a invertir en nuestros profesionales para que estas familias no sean impactadas por una educación carísima, aunque sea con una escuela para empezar; vamos a ser más flexibles con los medicamentos y la asistencia médica e incluyamos estos núcleos familiares en los programas del Gobierno, especialmente con el acompañamiento sociofamiliar.
Nadie quiere tener un hijo o una hija con autismo u otra situación de salud y menos si no tenemos ninguna red de apoyo o garantías de mejoras, pero ¿qué hacemos cuando nos llega esta situación tan lamentable? ¿Con quién contamos? Llegó la hora de apoyar estas familias y que cada miembro de la sociedad se integre, aportando lo que pueda, yo empiezo con este artículo.
¡No permitamos que bajo ningún concepto esta minoría se sienta excluida!
Haciendo mención especial a la alcaldesa del Distrito Nacional, la señora Carolina Mejía, por su buena intención y gran iniciativa al construir un parque para niños/as con autismo.
Alcaldesa, le aplaudo de pie, expresando mi admiración y gratitud por esta obra tan noble y loable, esperando que cada político/a del país siga su ejemplo y luche por los derechos de estas personas que lo único que merecen es respeto, empatía, consideración y trato digno.
Me despido diciendo que: «No debemos cambiar a los niños con autismo, sino el entorno que los rodea», y esto solo se logra con paciencia, educación y conciencia.
¡Muchas gracias!