Eso es lo que no le perdono

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La política es coyuntura, el panorama soleado de hoy puede ser la tormenta borrascosa de mañana; un liderazgo sólido, puede ser un buen día eclipsado por un acontecimiento, o en sentido contrario, un líder en caída libre puede obtener un segundo aire si aprovecha un hecho fortuito para reorganizar su base de sustento o simpatía.

No me cabe la menor duda de que eso acaba de lograr el Presidente Barack Obama.

Así, después de la gran tragedia en la que resultó herida entre otros, la Congresista Gabrielle Giffords y muertos, seis personas, incluyendo la niña Christina Taylor Greene y el juez Federal John Roll, el estadista norteamericano, evidenciando una inteligencia fuera de cualquier escarceo, a propósito de este triste acto de maldad, pronuncia en la universidad estatal de Arizona un discurso en el que logra ajustar las velas y conseguir que el viento de la indignación y el asombro le impulse con nuevo ahínco.

Este pro-hombre demuestra una vez más porqué siendo negro, en un país que aún mantiene prejuicios a personas por el color de su piel o procedencia, logra nada más y nada menos ser la primera figura.

Su discurso con varias citas bíblicas, evidencia de su gran apego a Dios. Además de motivador, pausado y más que nada conciliador, es una bofetada político-intelectual para un sector norteamericano conservador y prejuiciado que mantiene una retórica cavernícola, insultante, primaria e incitadora a la violencia.

Oh ironía! retomando lo que dijimos al principio, ese lenguaje, a la luz de lo acontecido, se vuelca ahora contra ellos, lo cual, sencilla y honestamente, satisface a todos los que creemos en el discurso que genere debate y no en la mera descalificación.

Barack Obama con un impresionante despliegue de dominio escénico, puntualizando en la personalidad de cada una de las víctimas, en la trayectoria de sus vidas, sus logros y las razones por la cuales asistían al lugar donde se producía el evento devenido en tragedia, reafirma su inteligencia, acuciosidad y preparación así como la de su entorno, enseñándonos con su actitud, que es posible que un desagradable episodio sea reversado en una plataforma de aliento para levantar en cada norteamericano y por qué no, en todo ser viviente, la esperanza y confianza de que el aliado del norte, el mismo que es odiado a veces, para luego ser venerado cuando extiende sus manos generosas, está conducido por un ser excepcional.

No puedo calificar menos de brillante y emocionante ver a tan poderosa figura preguntar y preguntarse en síntesis frente a un auditorio: Qué queremos para nuestros hijos? Y sentenciar el momento con esta respuesta: “Todos nosotros debemos hacer todo lo que sea posible para que nuestro país esté a la altura de las expectaciones de nuestros hijos”.

Así pues, ahora que apenas finalizo de ver su inspiradora exposición, lo cual sugiero hagan ustedes vía You Tube y mientras enjugo mis lágrimas, mi sangre caribeña permite que me haga prisionero la ira pues, en contraposición, esa capacidad de soñar, creer, imaginar o de tener esperanza, es lo que USTED nos ha robado……..

Eso es lo que no le perdono.

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