“Ese día les dije que pararan”: el estremecedor testimonio de Gregory Adames por la tragedia del Jet Set
Relata años de advertencias ignoradas por Antonio y Maribel Espaillat , además de señales claras de deterioro en la estructura del local
Santo Domingo. – “Ese techo no se cayó sin avisar. Ahí no debió morir una sola persona”. Con estas palabras y vivisiblemente afectado, Gregory Adames, víctima y testigo clave del colapso de la discoteca Jet Set habló ayer ante el juez del Primer Juzgado de la Instrucción del Distrito Nacional, Raymundo Mejía.
El proceso judicial, que busca esclarecer responsabilidades por el derrumbe que dejó más de 230 fallecidos, estuvo marcado por tensiones procesales, incidentes planteados por la defensa y cuestionamientos de los abogados de las víctimas.
Sin embargo, fue el testimonio de Adames el que dominó la jornada, al detallar lo que describió como una cadena de advertencias ignoradas durante años.
“Yo era quien les informaba todo”
Ante el tribunal, Adames se identificó como empleado con más de ocho años de servicio en la empresa Yecé, vinculada a la operación del centro nocturno.
Aseguró que fungía como enlace directo con la administración para reportar problemas estructurales.
“Las personas aquí presentes no pueden decir que no sabían lo que pasaba en esa estructura. Porque con la persona que hablaban siempre era conmigo”, declaró.

Según su relato, desde su ingreso detectó filtraciones en el techo del local, inicialmente leves, pero que con el tiempo se agravaron.
“Se le mandaban una y otra vez las informaciones al señor Antonio y a la señora Maribel sobre las filtraciones, pero nunca se tomaron las medidas correctas”, sostuvo.
Adames afirmó que dentro del establecimiento no se ejecutaba ninguna acción sin la autorización directa de Antonio Espaillat.
“Todo pasaba por él. Hasta una aguja que se moviera en ese lugar debía ser autorizada”, dijo, al tiempo que insistió en que el control operativo era absoluto.
Decisiones apresuradas
Uno de los puntos más delicados de su declaración giró en torno a un incendio previo en el área de la planta eléctrica del establecimiento. Según explicó, tras ese incidente técnicos recomendaron no reabrir el local hasta realizar reparaciones adecuadas.
“Los técnicos le decían que no se podía tener el establecimiento listo para abrir, pero él insistía en que esa semana se abría”, narró.
De acuerdo con su versión, se sustituyeron cables dañados por conexiones provisionales, a pesar de las advertencias.

“Se pusieron cables provisionales que no eran para quedarse, pero así se quedaron hasta que se derrumbó la discoteca”, denunció, señalando que esta situación persistía desde el año 2023.
Asimismo, indicó que incluso se alquiló una planta eléctrica externa para mantener en funcionamiento el negocio, priorizando la apertura sobre la seguridad. “Él quería abrir como fuera”, reiteró.
“Los plafones caían constantemente”
El testigo relató que meses antes del colapso, los problemas estructurales eran visibles y recurrentes. “Los plafones se caían constantemente, pero no era solo por humedad, eran pedazos de concreto que caían del techo”, explicó.
Para mitigar la situación, según dijo, la administración optó por soluciones temporales.
“Compraban lonas plásticas para recoger el agua que se acumulaba arriba y la sacaban antes de cada actividad”, detalló.
Adames insistió en que estas prácticas eran conocidas por múltiples empleados y que existían evidencias. “Yo mandaba fotos, videos, reportes… una y otra vez”, afirmó.
Uno de los episodios más alarmantes, según su testimonio, ocurrió una semana antes del colapso, cuando un plafón cayó en presencia de clientes.
“Yo mismo subí con una escalera a quitar los pedazos para evitar que alguien resultara herido”, recordó.

Advertencias ignoradas el día de la tragedia
El sobreviviente aseguró que incluso el mismo día del colapso continuaron las alertas.
“A las 2 de la tarde le escribí nuevamente al señor Antonio sobre los problemas del techo”, relató.
Explicó que su preocupación no era solo el deterioro visible, sino el riesgo inminente. “No era pensar que se iba a caer el techo completo, pero sí que una persona podía morir por un pedazo de concreto”, indicó.
Según dijo, personal de mantenimiento también comunicó la gravedad de la situación. Citó un mensaje incluido en el expediente: “Se cambiaron los plafones, pero Gregory sigue insistiendo en que están cayendo pedazos del techo”.
Para Adames, esa insistencia no fue tomada en serio. “Yo lo que quería era que quitaran los plafones para ver el problema real, como cuando te quitas la camisa para ver un golpe”, explicó.
La noche del colapso
El relato se tornó más emotivo al referirse a las horas previas al desplome. Adames narró que esa misma noche un cliente resultó afectado por la caída de un objeto.
“Yo fui donde ese cliente y me puse a su disposición para llevarlo al hospital. Ni siquiera la señora Maribel fue a verlo”, afirmó.
Aseguró que en ese momento recomendó suspender la actividad. “Le dije que lo mejor era parar, que algo podía pasar”, expresó.
Sin embargo, según su versión, la respuesta fue negativa. “Me dijeron que no se podía porque la fecha era buena”, relató.
Minutos después, ocurrió el colapso. “Ahí no hubo explosión. Lo que se escuchó fue el estruendo de un techo completo que se derribó”, afirmó con contundencia.
“Aquí hay un pueblo dolido”
Durante su intervención, Adames insistió en que su testimonio no responde a intereses personales. “Esto no es por hacer daño ni por venganza. Es por la verdad”, declaró.
Visiblemente afectado, recordó a las víctimas. “Yo perdí siete compañeros ahí”, dijo, al tiempo que cuestionó la actitud de los imputados.
“El pueblo dominicano no está indignado solo por lo que pasó, sino por cómo se han querido presentar como si no sabían nada”, sostuvo.

Reiteró que las advertencias fueron constantes. “Ese techo no se cayó sin avisar”, repitió.
Un clamor por justicia
Al cierre de su declaración, el testigo dirigió un mensaje al tribunal. “Lo único que pido es que se haga justicia verdadera, lo que realmente merece este caso”, expresó.
Destacó que el dolor trasciende lo individual. “Aquí hay un pueblo sufriendo”, afirmó.
El proceso judicial continuará en medio de una alta expectativa pública, con un caso que ha marcado profundamente a la sociedad dominicana y que mantiene en vilo a decenas de familias que aún esperan respuestas.
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