Erradicación para la recuperación

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Federico Alberto Cuello Camilo

 

De Barcelona a Barranquilla y de Nueva Delhi a Nueva York, relajar las restricciones reactivó las infecciones. Algunos todavía piensan que para erradicar la pandemia bastaban tres meses de reclusión. Pero era sólo la contención lo que se buscaba, para evitar la saturación de las unidades de atención.

Aquellos países con pruebas masivas, tratamientos efectivos y capacidad de atención en cuidados intensivos están respondiendo adecuadamente. Otros están desbordados sin controles efectivos de aislamiento social, diagnósticos gratuitos y rastreo de infectados.

Los primeros se recuperan, cosechando las oportunidades de una economía mundial donde se sigue comiendo, se sigue vistiendo y se sigue viviendo con la misma esperanza de siempre. En su conjunto, sin embargo, son muchos más los países que caen y tropiezan que los que se van levantando.

La OMS en Ginebra, previendo futuros problemas, aprobó desde abril pasado el “Acelerador del Acceso a los Instrumentos del COVID-19” (ACTA), con miras a garantizar la equidad para todos en el desarrollo, la producción y el acceso a pruebas, tratamientos y vacunas.

Para levantarnos todos sin tropezar nuevamente, debemos tener tratamientos que reviertan el contagio no importa la fase en que estemos. De 148 con potencial, la ciencia sólo confirma el remdesivir para casos agudos y la dexametasona para los intensivos. Otrosusancon éxito el plasma de los recuperados. En Qatar hay 97% de recuperaciones y apenas 0.02% de defunciones.

Algunos también piensan que sólo con tratamientos probados será suficiente para volver a recuperarnos. Después de todo —dicen— enfermos de VIH/SIDA viven con normalidad sin tener por qué contagiarnos. Olvidan los que así piensan que el COVID-19 es mucho más contagioso, por lo que la convivencia será prácticamente imposible.

No es imposible, epidemiológicamente hablando, pensar en erradicarlo, como se hizo con la viruela y la peste bovina y se está haciendo con el sarampión y la polio. Para eso hacen falta vacunas. Con 25 en pruebas humanas y 5 en fase final, pronto la humanidad podrá derrotar esta terrible pandemia.

Aprobar las vacunas después de la fase final cerrará en tiempo récord la fase de desarrollo y abrirá otra que puede ser angustiosa, de fabricación y aplicaciones masivas. Preparémonos desde ya para no quedarnos esperando a la mano invisible de libre mercado, el cual presupone precios competitivos en situación de oferta infinita y de consumidores plenamente informados.

Para que haya oferta a precios competitivos de medicamentos que no existen ya tenemos el ACTA de la OMS. Por su parte, los acuerdos de la OMC nos permiten autorizar importaciones paralelas y licencias obligatorias para asegurar existencias en situación de emergencia, como lo recoge nuestra legislación.

Así, al tiempo que se negocian posibles acuerdos de suministro, debemos subir el nivel de nuestra producción farmacéutica. Dexametazona tenemos desde hace ya mucho tiempo. El remdesivir y las vacunas son, sin embargo, productos biológicos que hay que poder fabricar. Urgen ya las alianzas que nos permitan sentar las bases irreversibles para una recuperación duradera, erradicando el COVID-19 con vacunas aquí producidas.

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