En el barrio   Buenos Aires aún se siente  olor a sangre

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Santo Domingo.- Durante estos últimos días, en el barrio Buenos Aires sólo soplan vientos de tristeza y una gran tribulación; el ambiente parece sobrecargado, especialmente entre los vecinos de la calle 3 esquina 12, donde predomina un mal disimulado remordimiento.

Desde aquella fatídica tarde del viernes 1 de mayo, cuando se regó como pólvora la noticia sobre la muerte macabra de uno de sus vecinos más queridos: Francisco De León Lara, un fino maestro constructor, decapitado a machetazos por un haitiano, nada ha vuelto a ser igual en este humilde sector.

Vengar no sirve de nada

Contrario a lo que en principio creyeron algunos que pasaría, el barrio tampoco logró recobrar el sosiego luego que al día siguiente una multitud –cegada por la sed de venganza- decidiera aplicar la Ley del Talión y también decapitara al matador, el obrero haitiano Carlos Nerilus, de cuya familia nadie sabe si vive en República Dominicana, o si lo llora al otro lado de la frontera.

“En esta casa no hay odio”

Pese a la tragedia, en el seno de la familia De León Lara no hay odio ni rencor. Sólo el asombro compite con su inmenso dolor.

La madre, Ursula Reyes, y Olga Lidia, hermana de la víctima dominicana, dicen que en sus corazones no anida el odio. Pero admiten que su pérdida es irreparable.

En el colmado de la esquina varios jóvenes, incluido algunos de los que participaron en la orgía de sangre, parecen haber enmudecido. A 50 metros de la casa del difunto, en el negro pavimento aún se distingue, como una “mancha indeleble”, el lugar exacto donde picaron al haitiano. Y en el aire todavía ayer se sentía el olor a sangre que dejó la brutal danza de la muerte. Orgía de sangre

El sábado, mientras amigos y familiares velaban a Lara, Carlos Nerilus, el haitiano que lo mató a machetazos se acercó al velatorio. Una multitud sedienta de venganza lo atrapó y lo degolló. Esto, empero, no alivió el dolor de la familia De León Lara.