En democracia

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En democracia

El proceso electoral ha concluido con un innegable éxito de organización por parte del órgano al que correspondía esta misión, y ahora resta la conclusión del conteo del voto de unos sufragantes que se acogieron, en sentido general, al reclamo de orden propio de una sociedad madura.

La finalización efectiva de la consulta por parte de la Junta Central Electoral es un hecho saludable, necesario puede decirse, para dejar definitivamente atrás el mal pálpito que pudiera todavía estar provocando en algunos el percance de hace cuatro años.

Corresponde ahora a los actores organizados del sistema político comportarse a la altura de las circunstancias como una manera de fortalecer en la población un sentido cívico saludable.

Reclamar allí donde las evidencias muestran que es razonable y aceptar donde dicen que no lo es.
La madurez de los líderes políticos dominicanos es un hecho bien asentado en las experiencias recientes.

De todos modos, en algunos hechos aislados hay lecciones que deben ser atendidas por unos líderes políticos que en estos momentos no deben de estar de ánimo para ocuparse, pero que no pueden olvidarlo: la violencia.

Ocurrió en la víspera y es un síntoma de intolerancia que debe ser combatido con la evidencia de que durante décadas este tipo de actitud no ha sido suficiente para cambiar resultados electorales en ninguna parte del país.

Después de un período de incitación política partidaria al que seguirá otro de un orden diferente extendido hasta mayo, ¿será posible bajar el ánimo de competencia? Parece improbable.

La sociedad dominicana tiene, sin embargo, muchas orientaciones que la hacen hoy día bastante independiente de la administración pública como fuente de empleo.

Y si esto es así, la pasión política no es más que eso, una pasión que debe ser aprovechada para el apuntalamiento progresivo de la democracia.



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