En tiempos de Navidad, nos sentimos influenciados por las tradiciones culturales y familiares generando emociones y sentimientos intensificados que en ocasiones son hasta contradictorios.
Ejemplo: se puede generar nostalgia a partir de recuerdos familiares que hacen sentir felicidad, pero también de seres amados que ya no están y sentir tristeza.
Los días previos a la Navidad, la mayoría de las personas sienten ilusión y esperanzas, pero también ansiedad. La expectativa general es permanecer alegres todo el tiempo, lo cual es imposible, se espera regalos y dádivas del que tiene un poco más al que tiene menos, lo que produce estrés en unos y decepción o frustración en otros.
Muchos comparten regalos, dinero, alimentos y artículos con personas necesitadas, sin embargo, siempre queda alguien esperando al que no se puede llegar y esto puede generar presión psicológica y hasta culpa.
En algunos casos, los sentimientos son negativos, como la envidia que se puede generar en personas sin acceso a cubrir necesidades básicas o creadas, al ver a otros gastar en exceso y disfrutar de comodidades y actividades que a esa persona le están vedadas.
Sugiero ser prudentes no solo en el gasto económico, sino también en la ingestas de líquidos y sólidos, en la interacción con los demás, en el trato familiar.
Las emociones están a flor de piel y reconocer las emociones propias y de los demás es fundamental para ponerse sus propios límites y encontrar un equilibrio en cualquier situación que se presente. Saldremos airosos y fortalecidos de esta convulsiva y maravillosa época de Navidad.