El valor del agua

editorial

En informaciones recientes acerca del suministro de agua, la Corporación del Acueducto y el Alcantarillado de Santo Domingo llamó la atención acerca de la sequía y sus efectos en los sistemas de acopio de los ríos Haina, Isa, Mana, Duey, Isabela y Nizao.

Estos ríos y sus cuencas son parte del vecindario del Gran Santo Domingo, excepto Nizao, que a pesar de su lejanía es fuente del agua utilizada por la CAASD a partir de tuberías empotradas en el muro de la presa de Valdesia.

Este es un gran reservorio, pero inicialmente no fue diseñado con la vista puesta en suministrarle agua al Gran Santo Domingo, sino con el de generar energía eléctrica y alimentar canales de riego a partir del contraembalse Las Barías.

En las condiciones actuales esta es la fuente más confiable para el suministro de agua a parte de una población compuesta por más de tres millones de habitantes, en vista de la merma significativa en las cuencas de los ríos Haina, Duey e Isabela.

Para muchos, tal vez demasiados, de los que están conectados a las redes de uno cualquiera de estos acueductos, los deberes con el servicio corren en una sola dirección: desde la CAASD hacia la población.

La gente, sin embargo, puede hacer mucho por sus acueductos. Una de estas acciones debe ser cuidar el agua que se recibe en casa como la bendición que es, o darle el uso apropiado y evitar las fugas en las cañerías hogareñas.

En estos tiempos se habla de tender una o dos grandes tuberías desde la presa de Hatillo, en la provincia Sánchez Ramírez —que es tanto como decir desde el Cibao— para poner más agua en el Gran Santo Domingo.

A este paso, un día, tal vez no muy lejano, el agua de otros grandes reservorios estará siendo dirigida a este gran núcleo urbano al precio de grandes inversiones, que es tanto como decir, del endeudamiento público, para que muchos la usen en lavar carros y mojar jardines.

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