El relevo político dominicano debe comenzar a construirse desde ahora, con ideas, preparación y compromisos que permitan reconocer una manera distinta de ejercer el poder.
Reducir esa discusión a las elecciones de 2028 sería desperdiciar la oportunidad de exigirles a quienes aspiran a gobernarnos que expliquen, desde el presente, qué país proponen y cómo piensan hacerlo posible.
Muchos hubiéramos deseado una competencia entre dirigentes capaces de superar las prácticas del pasado. Figuras con seguridad al expresarse, formación profesional, capacidad gerencial e identificación con los valores nacionales.
Pero la juventud, por sí sola, tampoco garantiza renovación. Se puede tener poca edad y reproducir los mismos vicios que durante décadas han convertido la política en un mecanismo de distribución de privilegios.
En ese escenario aparecen Omar Fernández, Wellington Arnaud, Juan Ariel Jiménez y otros dirigentes, incluidos representantes de organizaciones emergentes cuyas condiciones intelectuales merecen atención.
También Guido Gómez, quien, por edad y trayectoria, pertenece a una generación distinta de los más jóvenes, pero puede representar una renovación del liderazgo que ha ocupado la Presidencia.
De ese conjunto, encuentro particularmente interesantes a Omar, Guido y Juan Ariel. Escucharlos analizar problemas concretos despierta simpatía y permite reconocer preparación, aunque cada uno tiene posiciones y experiencias diferentes.
Ahora bien, exponer con solvencia constituye apenas una parte de la responsabilidad: hace falta convertir ese conocimiento en propuestas verificables.
Juan Ariel reúne condiciones académicas que pueden enriquecer el debate. Sus compromisos universitarios son respetables; considero, sin embargo, que una postergación de su participación política supone un costo para una sociedad necesitada de voces preparadas.
Eso no autoriza a presentar como impedimento contractual lo que públicamente ha circulado como una interpretación sobre su vinculación con Harvard.
Omar, por su parte, ha expresado que no competiría con su padre, el expresidente Leonel Fernández, colocando los valores familiares por encima de las aspiraciones políticas.
Es una posición comprensible desde lo personal, aunque evidencia cuánto depende todavía el relevo de decisiones familiares y de liderazgos establecidos. La renovación partidaria necesita espacios donde las capacidades puedan desarrollarse con autonomía.
Guido dispone de experiencia política, formación jurídica y una sensibilidad social que, a mi juicio, le permiten articular una oferta de transformación. Su desafío consiste en demostrarla con políticas concretas y resultados.
También enfrenta una competencia interna donde pesan la antigüedad, los apellidos, los recursos y la exposición mediática, factores que pueden colocar las propuestas en segundo plano.
Ahí está el fondo del problema. Necesitamos escuchar cómo se romperán las barreras que asfixian al emprendedor: financiamiento costoso, trámites interminables e incertidumbre.
Necesitamos saber cómo se traducirá el presupuesto educativo en aprendizaje. Los resultados de PISA 2022 mostraron avances dominicanos, pero también una distancia considerable respecto de los niveles de la OCDE. El 4 % exige resultados que se sientan en las aulas.
Igualmente, urge discutir una protección social que garantice atención sanitaria oportuna y pensiones suficientes para las personas envejecientes. Cada propuesta debería identificar beneficiarios, costos, fuentes de financiamiento y plazos. Prometer bienestar sin explicar cómo sostenerlo vuelve a colocar al elector frente a una oferta de sueños.
Echo de menos ese debate en la aspiración presidencial. Abundan las promociones personales y escasean las explicaciones sobre las transformaciones pendientes. Quien pretenda encarnar el relevo debe demostrar desde ahora que sabe escuchar, formar equipos, rendir cuentas y abrir espacios de participación.
La sociedad inclusiva que aspiramos a construir necesita dirigentes capaces de gobernar con ella. Ese compromiso comienza mucho antes de pedirle el voto.