Lunes, 19 de agosto, 2019 | 6:00 pm

¿El problema es el sexo?



Nadie en su sano juicio consideraría el tema del sexo como algo irrelevante. Todos existimos porque nuestros padres tuvieron sexo. Excepción de los pocos nacidos por inseminación artificial. Y nuestros padres existieron por el mismo motivo y así hasta el origen de la especie humana hace un cuarto de millón de años. Todos aprendimos algo del sexo cuando nuestras hormonas comenzaron a fluir por nuestro torrente sanguíneo y nuestros cuerpos cambiaron en el paso de la niñez a la pubertad. Si hubiese sido necesario ser educados en el sexo de manera formal, como lo es en las matemáticas o las ciencias, ya nuestra especie se hubiese extinguido hace siglos. Y Dios nos libre imaginar a muchos de nuestros maestros y maestras enseñando esa disciplina.

Introducir la educación sexual en las escuelas como complemento a lo que todos aprenden por diversas vías no es mala idea, más no nos engañemos, será tan efectiva como la moral y cívica que aprendieron muchos adultos que hoy roban el erario público o tienen queridas con cara de hombres serios.

¿Qué es lo importante? Las miles y miles de niñas y adolescentes pobres que en nuestro país viven en riesgo permanente de ser violadas por sus padres, hermanos, tíos, padrinos, maestros y todo varón que tenga acceso a estar a solas con ellas. Niñas y adolescentes que son violentamente tomadas por varones adultos y que luego de preñarlas las inducen a abortar o a tener su hijo y seguir en el cieno de la miseria.

Pero ellas son pobres, y por lo visto a nadie les importa su seguridad o bienestar. Somos una sociedad enferma, depravada, carente de la más elemental misericordia por los más pequeños y pobres. Llamar a nuestra sociedad cristiana es una mentira colosal.

El problema no es la educación sexual, es el machismo, la violencia de los varones adultos contra los niños y niñas, contra las mujeres. La violencia de las clases medias y altas contra los pobres. La violencia de los políticos contra el pueblo que esquilma y hunde en la miseria. Y si vamos a educar sobre sexo, ternura y cuidado, comencemos por los potenciales violadores y abusadores, con los padres y maestros que acosan y abusan de sus hijas y estudiantes.

Es un problema real los salarios de miseria que impiden formar familias estables y con lo necesario para su sostenimiento. Es un problema real la televisión y la radio que difunde mensajes vejatorios contra las mujeres. Somos una sociedad diseñada para el mal y el maltrato, para justificar la explotación y marginar a la mayoría, para cultivar el racismo, la xenofobia, la misoginia, la aporofobia y el abuso físico contra los niños y niñas. El problema no es el sexo, es que las niñas y niños, jóvenes y mujeres no son consideradas como seres humanos por la mayoría de los hombres de nuestro país. ¡Y encima de eso niegan que ese sea el problema!

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