El precio del ego

Lady Reyes, directora de Encuentros Interactivos.
Lady Reyes, directora de Encuentros Interactivos.

Todos tenemos ego. En mayor o menor medida, forma parte de nosotros. El problema no es tenerlo porque el peligro comienza cuando dejamos que sea él que tome las decisiones, condicione nuestras relaciones y determine la manera en que reaccionamos frente a los demás.

El ego sabe disfrazarse muy bien, a veces se presenta como seguridad, experiencia, carácter o incluso como dignidad y nos convence de que no debemos ceder, de que sabemos más, de que después de tantos años nadie tiene nada que enseñarnos. Y esa es una de sus trampas más peligrosas: hacernos creer que hemos llegado a un punto en el que ya no necesitamos aprender.

En lo profesional puede resultar particularmente costoso porque podemos tener experiencia, conocimientos, una posición importante y una trayectoria construida por años, pero nada de eso nos hace dueños absolutos de la verdad.
La realidad es que el mundo cambia y da muchas vueltas, hoy estamos aquí y mañana no sabemos, podemos perder un puesto importante, un trabajo o un negocio… eso que supuestamente nos colocaba por encima de los demás se puede desvanecer sin poderlo evitar.

Y, cuando esas cosas pasan, la gente se queda con el sabor dulce o amargo que dejó nuestro paso porque los cargos terminan, las posiciones cambian y el poder, por pequeño o grande que sea, casi siempre es prestado.

Lo que realmente permanece es la manera en que tratamos a las personas cuando creemos tener poder. Si fuimos capaces de escuchar, respetar y reconocer el trabajo ajeno; si tendimos una mano cuando podíamos hacerlo o si, por el contrario, utilizamos esa posición para marcar distancias, imponer o hacer sentir menos a los demás.

He visto cómo las circunstancias pueden cambiar de un día para otro y poner a las personas nuevamente frente a frente, pero desde lugares completamente distintos.

Quien ayer necesitaba de ti puede ser mañana quien tenga en sus manos una oportunidad para ti, ojo, no porque debamos tratar bien a los demás esperando recibir algo a cambio, sino porque nunca deberíamos permitir que una posición circunstancial nos haga olvidar algo tan elemental: nadie está por encima de nadie.

Una mezcla peligrosa

Tal vez por eso el ego resulta tan peligroso cuando se mezcla con el poder, éxito o reconocimiento. Nos hace confundir lo que tenemos con lo que somos. Y cuando comenzamos a creer que un cargo, apellido, posición económica, trayectoria o determinados privilegios nos hacen superiores, corremos el riesgo de perder algo mucho más difícil de recuperar: la calidad de nuestras relaciones y el respeto genuino de quienes nos rodean.

A veces no perdemos oportunidades porque nos falte talento, sino porque nos sobra ego. Y pocas veces calculamos su verdadero costo.

Sobre el autor

Lady Reyes

Editora de las secciones Vida y Estilo, Salud, Tecnología, Cultura y El Día y la Noche del periódico El Día, con una trayectoria de más de 30 años en el ejercicio profesional.
Es directora y fundadora de Encuentros Interactivos. www.encuentrosinteractivos.do
En 2018, recibió el Gran Premio a la Trayectoria del Premio Nacional a la Crónica Social, otorgado por la Asociación Dominicana de Cronistas Sociales.