Santo Domingo.- El planeta del que somos parte, en el que vivimos, nos movemos y tenemos el ser, pasa en estos días por uno de los cuatro momentos cardinales establecidos por los astrónomos para determinar cuatro estaciones en pareja.
Los otros son, invierno, primavera y verano, cada uno con su opuesto en el otro hemisferio.
La Tierra, como El Principito, tiene una estrella de la que se formó o a la que se aferró en algún momento, y como todo en el universo se mueve, ella también lo hace. Gira sobre sí misma, se inclina adelante y atrás, a un lado y a otro, de manera que durante algún tiempo tiene hacia el Sol, tanto como es posible en su plan de vuelo, una parte de su enorme naturaleza y a continuación la otra.
Así vienen a ser estos períodos establecidos por los astrónomos para tener una idea del comportamiento del medio durante unos tres meses en que cada uno irrumpe, se fija y se despide para darle paso al siguiente.
Ocho estaciones planetarias
Del movimiento alrededor de la estrella vienen a ser las así denominadas estaciones, que al llegar en pareja son ocho, no cuatro, como hemos afirmado por siempre por alguna inclinación etnocéntrica a uno y otro lado del ecuador.
El 22 de septiembre entramos en otoño y en primavera. El primero desde el centro hacia el norte y la segunda del centro hacia el sur. Tenemos en común la Navidad, que en una parte del mundo es tiempo fresco o helado y en la otra templado o caliente.

El mundo será más frío de manera progresiva hacia el polo Norte y más cálido hacia el Sur. Pero todo depende de los movimientos de la Tierra, que se comporta en esto de manera predecible y se traslada en su órbita a una velocidad promedio de 107 mil kilómetros por hora o, si se prefiere una relación cósmica de su traslación, a una décima de la velocidad de la luz, a la vez que rota sobre sí misma a poco más de 1,600 kilómetros por hora.
Se traslada, pero se agarra
Del Sol dependen el punto de anclaje, la radiación y el traslado del sistema en órbita a través de la galaxia, a unos 800 mil kilómetros por hora, lo que equivale a 222 mil kilómetros por segundo o poco más de dos tercio de la velocidad de la luz. La estrella de la que somos parte también tiene un punto de anclaje alrededor del que gira.
En vista de que el planeta aleja el norte para calentar más el sur, de este lado del ecuador, donde nos encontramos, las horas de luz solar serán más cortas de manera progresiva y las noches más largas hasta enero, cuando empieza el proceso de sacar al sur del verano y al norte del invierno.
Para nosotros el equinoccio de otoño es el inicio de una estación en la que estaremos en un ambiente más fresco, de hojas y frutos maduros, mientras para la Tierra, en la que vivimos, nos movemos y tenemos el ser, de lo que se trata es de turnar las áreas para que reciban más o menos radiación solar. ¿Por qué y para qué? Acaso porque además de tener un plan de vuelo, también tiene uno para la vida.