La reunión de la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (cuadragésimo primer período de sesiones) trajo al país temas internacionales que, de otra manera, hubieran sido objeto de alguna reseña, como sucede en estos tiempos casi con todo lo fundamental, que no encaja con lo superficial.
Uno de los puntos tratados ayer, el comercio intrarregional, mereció algunos comentarios de parte del canciller Víctor Bisonó, quien, al referirse ante la prensa al nivel del intercambio, dejó ver las ganas que tiene de ser optimista en relación con el vecindario caribeño y latinoamericano.
Este esfuerzo se hizo notable cuando afirmó que “la región solamente tiene un 14 por ciento de intercambio, imagínense ustedes, tenemos un 86 por ciento de posible crecimiento”.
Cierto, el espacio para el desarrollo de intercambios, no digamos nada más en el campo comercial, es inmenso, pero se necesita para ello de algo más que voluntad y buenas intenciones.
Todavía resuenan en gran parte del Continente los ecos de Odebrecht, la empresa constructora brasileña que acompañaba su participación en estos países con financiamientos para obras a través, fundamentalmente, del Banco Nacional de Desarrollo Económico y Social de Brasil, un componente clave para cualquier país latinoamericano o caribeño.
El bajo nivel, casi hasta el punto de lo exiguo, del intercambio entre los países objeto del interés de la CEPAL debería ser motivo de reflexión de la política. Después de todo, esta es entre nosotros la fuente principal de la administración pública y la que aporta el más dinámico de los intercambios.
El comercio intrarregional, afirmó Bisonó, es uno de los ámbitos prioritarios para avanzar conjuntamente y lograr que la cooperación regional se traduzca en resultados concretos.
Según el canciller, cada país debe partir de sus propias fortalezas y utilizar estratégicamente sus márgenes de acción. Por algo fue durante unos cuatro años titular del Ministerio de Industria y Comercio.