El muro fronterizo

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Haití fue el primero en tomar la iniciativa de construir un muro en un tramo de la frontera para controlar el flujo de mercancías y mejorar así sus niveles de cobro arancelario.

Lo hizo en la zona de Elías Piña y el mundo no se vino abajo.

Luego República Dominicana construyó otra porción en la zona de El Carrizal con la misma intención que inicialmente movió al gobierno haitiano.

Ni el muro construido por Haití ni la verja levantada por República Dominicana han decretado la enemistad entre los dos Estados que comparten esta isla.

Haití le ha manifestado en varias ocasiones a República Dominicana su deseo de que se cierren o se controlen 52 cruces fronterizos, con el interés de cobrar aranceles al comercio transfronterizo informal que se produce allí.

Incluso llegó a plantear que solo queden abiertos los cruces fronterizos de Dajabón, Elías Piña, Pedernales y Jimaní y hacer mayor uso del trasiego marítimo.

Para República Dominicana el muro o la verja fronteriza es tan prioritaria como para los propios haitianos, solo que por estar apegados a lo “políticamente correcto” no se expone la situación con sinceridad.

A República Dominicana le interesa controlar la inmigración, la incursión de bandas criminales, el tráfico de mercancías ilícitas por la frontera. A Haití le interesa formalizar el cruce de mercancía para aumentar sus ingresos arancelarios.

Ese muro o verja no detendrá por completo ninguna de las actividades ilícitas que se producen en la frontera, pero sí las dificultará y permitirá establecer estrategias mejor definidas, al tener una frontera física visible en los lugares donde sea posible levantarlo.

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