El mexicano José Lino Montes, de sembrar maíz al sexto puesto olímpico

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LONDRES.-El pesista mexicano José Lino Montes brilló este domingo en la halterofilia olímpica, donde quedó sexto en la clasificación final de la categoría de -56 kilogramos, cumpliendo el sueño de competir en unos Juegos Olímpicos que tenía de niño, cuando cultivaba la tierra.

Su vida incluye "una triste historia", como él mismo reconoce, pero está llena de esfuerzo y superación, de los valores que impregnan el Olimpismo y que él ha tratado de asumir como propios para salir a flote.

O incluso reforzado. "Tengo 23 años y somos seis hermanos. Fui campesino, sembraba arroz, maíz, calabazas y cacahuetes. Ahora levanto pesas", se presentó a sí mismo en un reciente reportaje sobre su vida en la revista Proceso, en su país.

El campeón de la prueba este domingo, el norcoreano Om Yun Chol, levantó 293 kilogramos, mientras que el azteca se quedó en 269 en el pabellón ExCel de Londres, lo que le colocó sexto, en posición de diploma olímpico.

"Estoy realmente feliz. He disfrutado esta prueba y lo he dado todo, de corazón. He superado mi récord personal y ahora soy el mejor de Latinoamérica. Estoy orgulloso", comentó tras su participación olímpica.

Dijo estar, eso sí, molesto con los árbitros porque en el segundo dos tiempos le amonestaron de una forma "muy estricta", pero ello no evitó que se sintiera muy satisfecho por cómo había ido la prueba. Porque no es de los que se conforman: es un competidor nato.

Por detrás del oro del norcoreano Om Yun Chol, el chino Wu Jingbiao se quedó con la plata y el azerbaiyano Valentin Hristov con el bronce, pero José Lino Montes se ganó su cuota de protagonismo.

Ya fue bronce en 2011 en los Panamericanos y quedó en la octava plaza en el Mundial de París del pasado año, en un año en el que dijo que no se había preparado bien y en el que, a pesar de ello, las cosas salieron muy bien.

Nacido en Yucatán, en una familia campesina con pocos recursos, desde niño trabajó junto a sus seis hermanos y tuvo que asumir pronto labores de adultos, que no le han impedido hacer carrera deportiva.

"No tuve infancia", llegó a explicar el pesista. Empezó interesándose por el atletismo, pero unos meses antes de cumplir los quince años descubrir la halterofilia y sus buenos resultados le permitieron prepararse en un centro de Alto Rendimiento en Mérida, empezando a participar en competiciones internacionales.

Su padre había desaparecido y lo dieron por muerto durante años, con lo que tuvo que asumir la responsabilidad de ser el cabeza de familia, pero siempre sin llorar, porque su padre le había dicho que los hombres no lloran, explicó en sus declaraciones a Proceso.

Su padre realmente no había muerto, sino que estaba preso en Estados Unidos, pero años después se reencontró con la familia.

Está orgulloso de muchas cosas, pero sobre todo de volver a hacer que en México se hable de halterofilia, un deporte muy minoritario y sin gran tradición y arraigo en el país.

Con su apenas 1,53 metros de altura, este domingo el orgullo le desbordaba. No había ganado medalla, pero sí un diploma olímpico. Y eso ya era más de lo que esperaba cuando cruzó el Atlántico para estar en Londres-2012.

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