El Índice de Masa Corporal (IMC) ya no basta para diagnosticar la obesidad

El Índice de Masa Corporal (IMC) ya no basta para diagnosticar la obesidad

Un nuevo marco internacional propone evaluar la obesidad más allá del peso y la altura e incorporar la distribución de la grasa corporal, la circunferencia abdominal, las enfermedades asociadas y el impacto sobre el funcionamiento del organismo.

Durante décadas, el Índice de Masa Corporal (IMC) ha sido una de las herramientas más utilizadas para identificar el sobrepeso y la obesidad, pero especialistas advierten que utilizar este indicador de manera aislada no permite determinar con precisión el riesgo de salud de cada persona.

Un nuevo marco diagnóstico publicado en The Lancet Diabetes & Endocrinology propone mantener el IMC como una herramienta inicial, pero complementarlo con criterios clínicos que permitan determinar cuánto exceso de grasa existe, dónde se encuentra y si ya está afectando la salud o las actividades cotidianas.

El planteamiento adquiere relevancia ante las proyecciones citadas en el documento: si continúan las tendencias actuales, cerca de 3,000 millones de adultos vivirán con sobrepeso u obesidad para 2030 y más de 1,100 millones tendrán obesidad.

Mismo IMC, distinto riesgo

Una de las principales limitaciones del IMC es que se calcula únicamente a partir del peso y la altura y no distingue entre masa muscular y grasa corporal.

Josep Vidal, jefe del grupo de obesidad del Hospital Clínic de Barcelona, explica que esta limitación puede provocar que dos personas con el mismo IMC presenten riesgos de salud muy diferentes.

El indicador tampoco permite establecer dónde se concentra la grasa, un elemento importante para valorar el riesgo metabólico.

Según la información presentada, la acumulación de grasa visceral se relaciona con un mayor riesgo de enfermedades como diabetes tipo 2 y trastornos cardiovasculares.

El nuevo planteamiento introduce además una distinción entre obesidad preclínica y obesidad clínica.

La primera corresponde a un exceso de adiposidad en una persona que conserva el funcionamiento de sus órganos y tejidos, mientras que la segunda se presenta cuando ese exceso de grasa ya está asociado con alteraciones orgánicas o limitaciones en las actividades cotidianas.

Entre los ejemplos mencionados de afectaciones asociadas con obesidad clínica figuran la insuficiencia cardíaca, la fibrosis hepática y la apnea del sueño.

El Índice de Masa Corporal (IMC) ya no basta para diagnosticar la obesidad

Evaluación más completa

Para confirmar el exceso de grasa corporal, la propuesta plantea complementar el IMC con indicadores como la circunferencia abdominal y las relaciones cintura-altura y cintura-cadera.

También contempla tecnologías que permiten medir directamente la composición corporal y una evaluación clínica que considere enfermedades asociadas, funcionalidad e historia médica.

Víctor Kalpokas, gerente médico de Adium Latinoamérica, sostiene que esta nueva mirada busca comprender mejor el riesgo individual y evitar simplificaciones que puedan retrasar la atención.

“La obesidad es una de las principales amenazas para el envejecimiento saludable y debe abordarse con seriedad médica, no con culpa ni estigma”, afirma.

El cambio de criterios no pretende restar importancia al peso ni eliminar el IMC, sino reconocer que la obesidad es una enfermedad crónica, compleja y multifactorial que requiere una valoración individualizada.

De acuerdo con el documento, el abordaje puede incorporar cambios en el estilo de vida, nutrición, actividad física, apoyo conductual y de salud mental, así como farmacoterapia aprobada o cirugía bariátrica cuando corresponda, siempre a partir de una evaluación profesional y seguimiento médico.

La balanza, por tanto, puede continuar siendo un punto de partida, pero la nueva propuesta plantea que el diagnóstico de la obesidad no debería terminar en un único número.

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