“El huevo no es una merienda”: la advertencia de una educadora a los padres
- La primera semana del año escolar resulta crucial para diagnosticar y nivelar las vacíos de aprendizaje en los estudiantes, por lo que la educadora Rosa Ariza de Valera instó a los padres a no desestimar este período inicial ni considerarlo un simple repaso.
Santo Domingo.- La primera semana de clases no debe verse únicamente como un período de repaso de los contenidos del año anterior, sino como una etapa fundamental para que los estudiantes recuperen aprendizajes, se adapten a la rutina escolar y desarrollen la confianza necesaria para afrontar el nuevo año lectivo.
Así lo plantea la educadora y directora del centro educativo Siglo XXI, Rosa Ariza de Valera, quien considera que este período es imprescindible para identificar las llamadas “lagunas” de aprendizaje y reforzar los conocimientos que servirán de base para los nuevos contenidos.
Ariza de Valera explicó que muchos estudiantes regresan de las vacaciones con contenidos que no fueron completamente asimilados durante el año anterior, mientras que otros necesitan retomar hábitos y rutinas que se fueron relajando durante el período de descanso.
“La nivelación es un proceso pedagógico obligatorio y necesario para que el niño tenga una buena base para el año escolar que comienza”, afirmó.
La especialista señaló que durante esos primeros días los alumnos también tienen la oportunidad de reencontrarse con sus compañeros, conocer a quienes llegan nuevos y volver a familiarizarse con el ambiente escolar.
“La primera semana establece la confianza que eso va a tener durante el resto del año escolar”, sostuvo.
En ese sentido, pidió a los padres no desestimar las actividades de nivelación bajo el argumento de que se trata simplemente de un repaso.
“No se lleve de que lo que están dando es repaso”, exhortó, al señalar que el proceso permite determinar cómo llega cada estudiante y cuáles son los aprendizajes que necesita fortalecer.
Preparar al niño también implica trabajar la confianza
Para Ariza, el acompañamiento familiar durante el regreso a clases debe ir más allá de la compra de útiles escolares. Considera importante que los padres preparen emocionalmente a sus hijos para afrontar situaciones que pueden presentarse en el aula.
Recomendó explicarles con honestidad qué pueden llevar al inicio del año escolar y evitar que se sientan menos frente a otros compañeros por no contar con todos los artículos nuevos.
“Enseñar al niño, señores, no a ser conformista; es a vivir su realidad con alegría”, expresó.
La educadora entiende que un estudiante debe aprender a valorar lo que tiene y utilizarlo con seguridad, sin sentirse avergonzado por llevar una mochila, unos zapatos o algún otro artículo del año anterior.
El desayuno debe ser realmente un desayuno
Otro de los aspectos que considera determinantes para el desempeño escolar es la alimentación. La educadora recomienda que los niños lleguen a clases después de haber consumido un desayuno completo y nutritivo.
Entre sus sugerencias mencionó alimentos como víveres, huevo hervido y jugos naturales.
“Un plátano maduro con un huevo hervido y un jugo de naranja y llega bien a la escuela”, explicó en el Programa El Mañanero.
No obstante, aclaró que cuando se habla de huevo hervido, este debe formar parte del desayuno y no necesariamente de la merienda escolar.
“El huevo no es una merienda”
Uno de los puntos que Ariza de Valera quiso dejar claro a los padres es la diferencia entre el desayuno y la merienda, especialmente en lo relacionado con alimentos como el huevo.
“El huevo no es una merienda. El huevo es el desayuno”, enfatizó.
La educadora explicó que el huevo tiene un importante valor nutricional y puede formar parte de un desayuno completo, pero desaconsejó colocarlo dentro de la lonchera como merienda debido a las condiciones en las que puede permanecer durante varias horas.
“El colegio que le ha enviado una nota de que no mande huevo hervido en la merienda tiene toda la razón”, sostuvo.
Según explicó, un huevo hervido puede deteriorarse dentro de una lonchera y, al momento de abrirla, generar un olor y unas condiciones que incluso pueden provocar que el niño rechace el alimento.
Por ello, recomendó reservar para el desayuno alimentos como el huevo, el bacalao, la sardina o el arenque, mientras que para la merienda sugirió opciones que puedan conservarse adecuadamente.
“En la merienda usted va a poner frutas, jugos naturales, sandwichitos fríos”, indicó.
Si el niño no puede desayunar en casa La directora reconoció que existen familias cuyos horarios y distancias hacen difícil que los niños desayunen antes de salir de casa
En esos casos, planteó como alternativa que el estudiante pueda desayunar al llegar al centro educativo, siempre que existan las condiciones adecuadas para hacerlo.
“La primera opción, el niño se puede desayunar al llegar al colegio si llega muy temprano, porque sucede, eso es una realidad indiscutible”, explicó.
Ariza de Valera destacó que en el centro educativo Siglo XXI los estudiantes cuentan con un espacio destinado a desayunar antes de iniciar las clases.
De esta manera, consideró que las dificultades de horario no deberían convertirse en una razón para que los niños comiencen la jornada escolar sin haber ingerido alimentos.
La merienda también requiere supervisión
La educadora también llamó a los padres a conocer qué alimentos se venden en las cafeterías escolares y a reclamar cuando los establecimientos se aparten de los criterios previamente establecidos.
“Es necesario que el papá conozca el menú que tiene la cafetería y, si ese menú se altera, intervenir, porque los niños no tienen la capacidad de selección y compran lo que le venden”, afirmó.
Como ejemplo, explicó que en el centro educativo Siglo XXI decidieron retirar las bebidas gaseosas al observar cambios en el comportamiento de los estudiantes después del recreo.
“Nosotros sacamos las gaseosas porque descubrimos que los niños llegaban con una hiperactividad superior del recreo. La hora después del recreo era imposible de trabajar”, relató.
Para Ariza de Valera, la alimentación escolar debe ser entendida como parte del proceso educativo y requiere el acompañamiento tanto de las familias como de los centros educativos.
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