Convertir al hombre en instrumento de la reducción de la violencia hogareña es un desafío, pero a pesar de cualquier dificultad, debe ser considerada una iniciativa inteligente.
En el hogar es un hecho común la presencia de una mujer, un hombre e hijos. Cualquier forma de violencia originada en ese núcleo es dañina y en muchos casos puede ser fatal, como ha ocurrido este año en perjuicio de más de medio centenar de mujeres.
La peor de estas formas de violencia se genera en el hombre y se extiende sobre la mujer y los hijos. En muchos casos destruye el hogar y sigue a quienes lo componían en los esfuerzos de una o ambas partes por reconstruir unos lazos de unión deshechos por las emociones, los temperamentos y las circunstancias.
Quizás la mejor manera de ponerle remedio a esta cadena de violencia sea con la educación temprana, en el hogar, y la concientización del hombre adulto desde instituciones y organizaciones.
Saludamos la iniciativa de los titulares de los ministerios de la Mujer y de Defensa, que han desarrollado una Consulta Nacional para la Reducción de Riesgos de Violencia hacia las Mujeres, en la que fueron involucrados cientos de militares como parte de un proceso orientado a fortalecer las políticas públicas de prevención de la violencia contra las mujeres.
La ministra de la Mujer, Gloria Reyes, afirmó que con la consulta tratan de aprovechar el potencial del hombre dominicano para convertirlo en parte de la solución frente a la violencia contra las mujeres.
El ministro de Defensa, Carlos Fernández Onofre, señaló que la prevención de la violencia requiere un compromiso de instituciones públicas, familia, comunidades, centros educativos y, de manera especial, a los hombres como actores fundamentales del cambio.
A las instituciones públicas deben seguirle los pasos las organizaciones de la sociedad bajo un lema sencillo que invite a un año sin feminicidios. Uno cada vez.
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