El colmo del motoconcho
La última propuesta de las autoridades de tránsito y transporte en relación con los conductores de motocicletas, la de que ambos deben llevar casco, si se trata de dos personas, ha provocado reacciones adversas, como si cualquier esfuerzo de regulación debiera ser consensuado con un sector particularmente expuesto, numéricamente elevado y variopinto.
Hay, esto sí, una cierta ingenuidad en lo de dos cascos, como si no fuera común encontrarse con cuatro personas en uno de estos vehículos en cualquier vía pública del Gran Santo Domingo, así como en provincias cercanas y alejadas de los grandes centros burocráticos.
Lo que ha encabritado a los motociclistas, al punto de organizar demostraciones motorizadas y estruendosas como la realizada en Santiago, es la anunciada obligación de un casco certificado para el conductor y el pasajero.
¿Por qué se opone alguien a usar un casco llamado a darle un cierto nivel de seguridad? Este debe ser uno de los grandes misterios de la dominicanidad de estos tiempos.
Los de Santiago dejaron ver, al final de su demostración en las vías públicas, que alguien puede estar sobrecargándolos, o no hubieran denunciado la obligatoriedad de llevar un buen casco como una carga económica.
Si alguien necesita cuantos elementos de seguridad sean posibles, es el conductor de motocicletas, particularmente si se dedica al motoconcho, al delíveri o la mensajería. Estos deben ser los únicos con licencia para desplazarse entre vehículos mientras miran una aplicación en un teléfono móvil.
Además de contar con la ceguera de los agentes del tránsito, que no los ven cruzarse en rojo los semáforos, conducir en vía contraria y por las aceras, están pidiendo que el Gobierno los incluya en los planes de subsidios para transportistas.