El clima y la ciudad

editorial

Escuchar las explicaciones de la gente común sobre las inundaciones en la Capital depara explicaciones sobre las causas del colapso que deberían de estar dando ingenieros, las academias y algunas instituciones, entre ellas los ayuntamientos y la Liga Municipal Dominicana.

La capital antigua, según un enfoque desde el uso de suelo, estaba hecha de casas con patios y jardines, estancias y abundantes áreas arboladas incluso en las isletas de las avenidas, que han dado paso a grandes edificios con espacios abiertos reducidos y cuando los tienen son lugares pavimentados o cubiertos de hormigón para estacionar vehículos.

En las grandes avenidas es cada vez más común la utilización de muros de los denominados “New Jersey” para aprovechar tanto terreno como sea posible para el tráfico de vehículos. La ciudad no retiene ni drena de manera natural.

La costumbre de tirar la basura a las vías públicas o sacarla de los edificios y dejarla expuesta tanto tiempo como tarde el servicio de limpieza de los ayuntamientos, es un hecho cotidiano. Conservarla en las viviendas 12, 24 o 72 horas es insufrible.

Quienes atribuyen los regímenes de lluvias de estos tiempos al denominado “cambio climático” tienen la explicación más sencilla de todas: la naturaleza se comporta ahora de una manera diferente.

¿Y los sistemas de drenaje? ¿Han recibido las adaptaciones que les permitan drenar las aguas de cualquier aguacero recogidas por millones de metros cuadrados de techos, estacionamientos y asfalto?
La avenida Luperón, frontera entre el Distrito Nacional y Santo Domingo Oeste, tiene décadas con un punto crítico entre las calles Guarocuya y Caonabo, caso que puede ser utilizado como ejemplo de la falta de soluciones desde el Gobierno o los ayuntamientos.

La exposición al riesgo con asentamientos humanos en lugares como Las 800 de Los Ríos, es un aspecto social al que se le puede dar la espalda, pero que no puede ser ignorado.

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