Viernes, 24 de mayo, 2019 | 11:44 pm

El camino a seguir



Eran las seis de la mañana cuando se disponía a realizar sus oraciones matutinas. Por su oficio tenía que aprovechar las horas menos calurosas.

Antes se despide de su esposa con un beso, ella  da a su esposo la bendición. Este hombre se llama Mateo. Se dirige hacia su puesto de trabajo, el oficio que realizaba era de “recaudador de impuesto”.

Era una labor impuesta por el gobierno romano, un sistema que arrienda el derecho de cobrar los impuestos sobre importación y exportación, el comercio interior, y diezmos sobre la agricultura para el gobierno.

Mateo realizaba esta labor, que le generaba cuantiosos ingresos, una vida cómoda, pero en su interior no tenía felicidad, pues cuando recaudaba tenía que violar las observaciones del sábado fariseo y la ira de ellos estaba sobre él. Imaginemos todos los insultos, menosprecios, todos los calificativos que recibía una persona no apreciada en la sociedad.

La “oficina” de impuesto de Mateo el “publicano” estaba cerca de la ciudad de Capernaum, sobre el camino a Damasco, una zona de mucho comercio. Él tenía que examinar la mercancía de los viajeros a lo largo de este camino y cobraba las consabidas contribuciones.

Pero ese día  cambiaría su vida. Dice la biblia en Mateo 9:9: “ Pasando Jesús de allí, vio a un hombre llamado Mateo, que estaba sentado al banco de los tributos públicos, y le dijo: Sígueme,  se levantó y le siguió”. Mateo se olvidó de todo y fue en  pos de su llamado, como los demás que siguen a Cristo. Mateo dejó todas su ganancias, renombre, puesto, nada pudo detenerlo.

Hoy Jesús te hace un llamado, síguele.

Mateo cambió su modo de penar y cambió su camino, por el camino de seguir a Cristo.

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