El buen uso del poder
Lo que menos desea un jugador profesional de un deporte cualquiera es que le apliquen la baja por flojo.
Eso representa una vergüenza, incluso a nivel amateur, porque demuestra que ese atleta no pudo alcanzar los objetivos para los que fue contratado.
Sin embargo, esa es una situación que se presenta en muchos escenarios, debido a que no todos están en condiciones de alcanzar la gloria, aunque hayan sido firmados en la firme creencia de que poseían todas las herramientas necesarias para triunfar. En términos generales, esa misma percepción también se crea cuando una persona es despedida de su puesto de trabajo.
Pero en todos los casos el mote de flojo debe conducir a la creencia de que hay que aplicar todos los métodos violentos para lograr la victoria.
Hace unos días el ex lanzador José Rijo, quien fue una figura de primer orden en Grandes Ligas, me comentaba que no siempre cuando tiraba más duro estaba más efectivo.
Esa observación debe servir de ejemplo a los que creen que por tener el poder, si no lo aplican con violencia serían calificados de flojos, y, por ende, podría perder sus posiciones privilegiadas en el Estado.
No se puede aplicar la fuerza y la violencia sin consideración, aunque sea un agente de la Amet, para demostrar poder, ya que quiérase o no, eso solo representa debilidad en todos los órdenes.