El umpire de un equipo

Entre los mandamientos de actuación de los umpires en el Deporte Rey, se encuentran los de mantener el ojo en la pelota y dejar su forma de ser fuera de la cancha, lo que implica que deben saber olvidar.
Pero, para ser árbitro de Beisbol lo fundamental es ser imparcial, pues, junto con el nivel de responsabilidad y ética depende que el desarrollo de un juego se realice en forma sana y amena.
Los árbitros deben asumir un rol, que lejos de ser protagónico, debe ser conciliador y proveedor de decisiones objetivas. El umpire no puede ser de ningún equipo y jamás ser designado por uno de los equipos.
En la pelota electoral dominicana ocurre todo lo contrario.
Tenemos 5 árbitros representantes y defensores de los partidos a los que pertenecen. De ahí que cualquier reclamo de transparencia de los fanáticos del juego comicial, es visto con ojerizas y, en lugar de poner el ojo en la pelota, que es garantizar elecciones limpias, se establecen todo tipo de obstáculos a quienes pagan por entrar a un juego que debe ser arbitrado por quienes entiendan que están puestos ahí para gestionar la sanidad del proceso electoral, en beneficio de los votantes
Los resultados del análisis de las exclusiones de los 236 observadores electorales de Participación Ciudadana, desnudan esa penosa realidad.
Los argumentos dados por la Junta para explicar su vergonzosa posición, reflejan el encono personal de algunos miembros de la JCE hacia Participación Ciudadana y su incapacidad para entender su rol.
Cuando seamos país, aprenderemos que el umpire no puede ser miembro de un partido y que jamás puede ser designado por el partido al que pertenece, evitando con ello el sarcasmo arbitral y el atropello a los derechos, pues esto produce asqueo y repulsa ciudadanos, de incalculables consecuencias. Y esto sí que no es juego.
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